Hace meses que en los medios de comunicación se viene hablando de hambruna en el Cuerno de África, una situación que se viene produciendo desde hace décadas y que se ha agravado por la mayor sequía que vive la región en los últimos sesenta años, afectando a 10 millones de personas. La noticia ha cobrado protagonismo en los últimos meses: África se muere de hambre.

Para algunos expertos en la materia, el problema no es la producción sino el acceso a los alimentos.

El caso de África es interesante, paradójico y triste al mismo tiempo, porque mientras gran parte de la población pasa hambre, hay mucho territorio arrendado por otros países, vendido o cedido para la producción de alimentos que luego son exportados.

África sufre hambrunas y a la vez alimenta a otros países

El continente posee grandes extensiones de terreno cultivable que forman parte de las propiedades de los Estados. Los países donde se realizan estas prácticas tienen gobiernos corruptos y prevalece la ausencia de leyes. Además, los métodos de negociación se hace a “puerta cerrada” y los realojos de los habitantes son poco transparentes.

Las empresas que operan aquí se benefician de este negocio y en muchos casos traen a sus propios trabajadores. Por su parte, las grandes multinacionales se defienden alegando que contribuyen al desarrollo social y económico de los países donde invierten.

Todo es una cuestión política, coinciden algunos analistas especializados en temas de desarrollo, porque se considera a la comida como una mercancía. Así, alimentos básicos como los cereales han elevado su precio hasta tal punto de convertirse en inaccesibles para la población africana. Una subida también provocada por la especulación financiera ya que el precio se determina en las bolsas de valores más importantes del mundo.

Este verano la ONU ha declarado el estado de hambruna en dos regiones del sur de Somalia y ha pedido a la comunidad internacional 210 millones de euros para “salvar vidas”. La FAO ha reclamado 85 millones de euros para proporcionar ayudas a la agricultura en el Cuerno de África. Esta historia es la de la “pescadilla que se muerde la cola”, porque mientras llegan alimentos por parte del Programa Mundial de Alimentos, luego otros países compran tierras donde producen alimentos y los exportan.

La peor parte siempre se la lleva la comunidad local

Mientras los gobiernos y las empresas se frotan las manos con los negocios, muchas ONG denuncian estas prácticas porque siempre repercute de manera negativa a las personas que viven en esas zonas. Casi siempre corren la misma suerte: son realojadas (a veces de forma violenta), caen en la pobreza y dependen de la ayuda internacional.

Con la hambruna miles de somalíes han huido a los campos de refugiados de Kenia y Etiopía. Otros han sido obligados a irse cuando se han quedado son tierras. Muchas personas se ven desplazada de los lugares donde antes se ganaban la vida. Es el caso de las comunidades indígenas, porque muchas de estas empresas (es el caso de las firmas chinas) traen a sus propios trabajadores.