Afganistán, una guerra imposible de ganar

EE.UU. se enfrenta al conflicto talibán

Afghan troops - AFP
Afghan troops - AFP
El Pentágono pide un cambio de estrategia en la guerra de Afganistán, un conflicto heredado que se está convirtiendo en el Vietnam de Obama.

Muchas cosas han pasado desde que la ‘Operación Libertad Duradera’ iniciara su incursión contra el llamado ‘frente central’ del terror. Para empezar, ocho años, miles de millones de dólares en inversión, 68.000 soldados desplazados y hasta un nuevo presidente en EE.UU. más dispuesto al diálogo que a la confrontación. Pero hay algunas cosas que no cambian: Afganistán es una de ellas. Este país que fue llamado el Vietnam de la URSS, va camino de convertirse en el Vietnam de Obama.

¿Una guerra imposible de ganar?

La historia no ha dado un respiro al pueblo afgano. Desde 1839, Afganistán ha pasado de ser una monarquía feudal a una dictadura comunista; ha sufrido tres guerras anglo-afganas, una invasión soviética, una guerra civil, una dictadura teocrática talibán que convirtió al país en un refugio de Al Qaeda y una invasión occidental a través de la llamada ‘Operación Libertad Duradera’. En tres meses, los talibán fueron aparentemente derrotados sin esfuerzos por la coalición -que sufrió tan sólo 69 bajas- y sustituidos en el Ejecutivo por un de sobra conocido Hamid Karzai, que fue impuesto por EE.UU.

Afganistán era, en teoría, un caso cerrado pero llegó 2002 y con él la guerra de Irak y la mayoría de tropas occidentales que no sabían si luchar o reconstruir se retiraron dejando uno de los pueblos más pobres del planeta -con apenas un 15% de su suelo apto para el cultivo dedicado a producir el 95% de opio del planeta, una esperanza de vida de 43 años y un 70% de la población bajo el umbral de la pobreza-, en manos de los señores de la guerra, mercenarios, traficantes, políticos corruptos y por supuesto, los talibán, que se hicieron más fuertes y prolongaron el conflicto en este cruce de caminos sin recursos energéticos importantes hasta legárselo al flamante presidente del cambio, Barack Obama, que se plantea ahora una nueva estrategia.

Un cambio de rumbo en Afganistán

Tras las últimas elecciones del pasado 20 de agosto de 2009 -en las que se impuso de nuevo Hamid Karzai no sin graves denuncias de fraude- y el incremento de la violencia por parte de los talibán, el Pentágono le transmitió a Obama la necesidad de un cambio en Afganistán. El demócrata decidió entonces reunirse con su equipo de seguridad y mandos militares para analizar la situación y decidir qué hacer en la región. Entre los que participaron estaba la secretaria de Estado Hillary Clinton, el secretario de Defensa Robert Gates, la embajadora de EE.UU. ante las Naciones Unidas Susan Rice, el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas Michael Mullen, el director de Inteligencia Dennis Blair y, como no podía ser de otra forma, Stanley McChrystal o, para los que no lo conozcan, el militar que provocó todo esto con su recomendación de enviar 40.000 soldados adicionales a Afganistán so pena de perder la guerra contra los talibán.

Por descontado, los medios de todo el mundo se hicieron eco de la noticia y todos, incluidos los viejos periodistas del papel, bloggers, ‘news media’, politólogos, republicanos recalcitrantes, ‘think tanks’, agencias de comunicación, Twitter, Facebook, Flickr y, en definitiva, todo ente con forma humana -y no tan humana- que le interesara algo de lo que allí se estaba pactando, se quedaron esperando hasta altas horas de esta pasada madrugada a que saliera alguien a la palestra y diera la cifra definitiva y les regalara, de paso, un titular más a costa de la guerra en Afganistán.

Impopularidad de EE.UU. en Oriente Medio

Pero no fue así porque, entre otras cosas, la situación es mucho más compleja que decidir o no ampliar el número de tropas. El problema está en la impopularidad de EE.UU. en la región oriental, los insurgentes, la corrupción que se extiende por todo el gobierno de Karzai, el propio Karzai y la situación de pobreza extrema que asola Afganistán. Quizás por todo esto la ‘Administración Obama’ se negara a dar ninguna cifra en concreto y reconociera que los talibán afganos no son realmente una amenaza para EE.UU. y que su prioridad principal es ahora Pakistán según ha anunciado The New York Times, pues tiene armas nucleares. ¿Qué pasará ahora con Afganistán?

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