La adolescencia evidencia en la vida del niño la llegada de una etapa llena de cambios en el aspecto hormonal, en los caracteres sexuales y físicos, pero además, en la fase emocional. Desde lo sensitivo, éste, ingresa en un período de sentimientos ambivalentes, que lo sumerge en una anarquía en su faz interior. El hijo demandante necesita de la guía de sus padres desde la infancia, para que, cuando este ciclo de su desarrollo se presente, la conducta se vea atenuada, para así, poder de este modo, disfrutar de este proceso de su historia personal de la mejor manera.

De la niñez a la adolescencia

El ciclo de la infancia termina cuando da comienzo la pubertad. Alrededor de los diez u once años, en el niño comienzan las primeras manifestaciones de la evolución que se produce en todos los ámbitos de su ser. La aparición de vello, el cambio en el timbre de la voz, el desarrollo de las mamas en las niñas y el crecimiento del pene en el varón, la aparición de la primera menstruación entre otros factores, son todos signos peculiares de este proceso. La adolescencia se extiende hasta los veintiún años de edad aproximadamente. En este ciclo las transformaciones y desarrollo de los caracteres sexuales, hormonales y neuronales están estrechamente ligados a la faz psicológica.

¿Qué son las crisis del desarrollo?

Las crisis del desarrollo se determinan cuando se producen cambios a nivel cerebral y se enlazan a las vivencias personales de cada individuo. Así, de este modo, lo genético, lo físico y lo psicológico dan nacimiento a las crisis que se presentan en diferentes etapas de las personas.

¿Por qué los adolescentes entran en crisis?

Cuando el infante llega al período de la pubertad, y los cambios comienzan a manifestarse en lo físico, desde el punto de vista psicológico, interiormente se proyecta una lucha entre el temor y la expectativa del ciclo que aborda.

En el adolescente, la ansiedad se presenta como el miedo en concomitancia a su futuro como adulto. Nace, de este modo, un sentimiento ambivalente entre quien es, en como quiere ser y quien será a posteriori cuando crezca.

Como debemos actuar los adultos con un adolescente demandante

La principal competencia y responsabilidad de supervisar las conductas demandantes en los niños y adolescentes, es de los padres o adultos a cargo de los mismos.

Un adolescente demandante, es así, porque es de este modo como fue toda su infancia. Desde la niñez, el temperamento del chico debe ir refrenándose y redirigiéndose hacia formas de conductas positivas. Haciendo de modo reiterativo, hincapié en la forma que ellos mismos, hagan uso del poder de auto regularlas cuando se presente el momento de hacerlo. Ayudarlos en esto, desde chicos, reflejará en el adolescente demandante, tendencias menos opositoras hacia la guía de sus padres.

Enseñar, educar, volver a enseñar, y repetir cuantas veces sea necesario, las normas impuestas por los adultos, fomentando el comportamiento saludable, que a la postre, dará sus frutos.

Posición nociva del adolescente demandante

Los adolescentes que de niños eran impulsivos o de gran energía, no estimarán la derivación que pueda resultarle de sus hábitos, tal vez, los apercibimientos que se le realicen deban ser mayores. La madurez emocional demostrada por éstos no es producto de la edad. Eso lo demostrarán las acciones que realicen y como asuman su responsabilidad en dichas acciones.

Los adolescentes que de niños fueron iracundos o agresivos poseen tendencia de comportamientos violentos en esta etapa, si sus hábitos no son reeducados desde la infancia.

Los adolescentes que de niños fueron persistentes, pueden en este ciclo, no atender las exhortaciones que se le brindan, y ser más opositor hacia la guía de sus padres.

Posición eficaz del adolescente demandante

No todo es nocivo o perjudicial en ellos. El matiz positivo que expone, cuando ha conseguido moderar su carácter es la firmeza y el ímpetu que posee para enfrentar la vida. Los obstáculos que aparezcan, serán sorteados con firmeza y resolución.

Actuar sin dudar

Cuando los hijos crecen, y se convierten en adolescentes,la evolución emocional por la cual transitan, los torna vulnerables. Tal vez, pueda pasar, que, se infravaloren. Lo importante, en estos casos, es consultar con profesionales idóneos para auxiliarlos en esta fase de su crecimiento. Los padres al haber reconocido, aceptado y refrenado el temperamento demandante desde la niñez, seguramente, podrán acompañarlos en estas circunstancias,a causa de las crisis que puedan surgir, pero, si por alguna razón, no pueden, es el momento de actuar sin dudar.

Como ayudarlos a crecer

Recordar que las conductas de niños y adolescentes demandantes deben refrenarse con firmeza y respeto. La relación emocional entre padres e hijos se dará en un marco de verdadero afecto. Educar a los hijos es enseñarles a vivir en libertad respetándose y respetando a los demás. Valorando cada etapa de su crecimiento, orientándolos hacia hábitos saludables de conductas, con particularidad hacia aquellas que progresivamente vayan generándoles la autonomía necesarias para superar esta fase en su desarrollo. En esta parte de su historia, es importante estar, al lado, observando y confiando que guiándolos desde una perspectiva sana los ayudaremos a convertirse en adultos de buenos principios. En definitiva son lo que aprenden a ser, y siempre imitan el modelo que le brindamos.