
- Un vaso repleto de gominolas - Tamelin, autora en flickr
Franziska contesta al teléfono un día lluvioso. Su ex novio, Klaus, la llama desde la playa. Ella está trabajando en una boutique en Múnich, mientras él está de vacaciones en Málaga. Quiere recuperarla. Franzi en cambio quiere una vida real. Está harta de su ex. No aguanta más al lado de un chico sin rumbo. No se va a dejar arrastrar. Esta vez no. Ella no quiere improvisar más. Quiere sentar la cabeza. Se resiste a sus palabras melosas. Quiere casarse. Con otro.
Como último recurso Klaus la pide con dulzura que escoja con los ojos cerrados un osito de gominola. Dependiendo del color que sea, si lo acierta, ella deberá coger un avión rumbo a la playa. Franziska cuelga. No va a dejar su destino en manos de una chuchería. Se enfada. Piensa, qué niñato. Atiende a la última clienta, cierra la puerta de su tienda. Respira hondo. Abre la caja registradora. Saca una gominola. No era roja.
¿Soy linda?
Esta escena de la película ¿Soy linda? (Bin ich schön?, 1998) de la directora germana Doris Dörrie, interpretada por la actriz Anica Dobra y el actor Steffen Wink, es muy dulce. Alemania es así. Un país adicto a las gominolas de gelatina. Incluso a la hora de consultar su porvenir.
El escritor Dietmar Bittrich, consciente de ello, se inventó un oráculo de ositos de gominola más refinado y menos desesperado que el di-que-sí de Klaus a Franziska. Consiste en sacar no sólo uno, sino cinco ositos, e interpretar el resultado de los colores por orden de aparición.
En su libro das Gummibärchen Orakel ofrece interpretaciones a todas las combinaciones posibles. Un destino a veces dulce, a veces no, que se puede consultar gratis en internet.
De momento, ni su libro está traducido al español, ni hay una versión de la web en nuestro idioma, pero merece la pena cliquear cinco ositos, copiar el resultado a un traductor y dejarse sorprender por el resultado. Si no le gusta, al menos podrá digerirlo mejor que otros.
Los ositos Haribo (el original) son pues unas chucherías llenas de azúcar y consejos a partes iguales.
Dietmar, quien asegura con sorna haber nacido en 1908 y sentirse cada día más lozano, se ha inventado además un tarot con los ositos de gominola.
Glucosa y otras cosas
El autor de origen hamburgués, ha publicado una veintena de libros. Varios dedicados a los ositos de gominola: el tarot, un oráculo adaptado a los niños y otro especializado en el amor, apartado en el que siempre viene bien arrojar un poco de luz, e invertir muchas dosis de humor.
Ha escrito además sobre otros asuntos más mundanos que el porvenir: Hombre, oh el hombre. Lo que piensa, lo que siente, lo que hace; ¡Pues vuelve a casa! o cómo ser felices en vacaciones; o Dichos irónicos para cada día, “pues la buena gente obedece a su sentido común, mientras la mala gente tiene más fantasía”, según él.
Una lista de obras a las que debemos añadir un par de manuales imprescindibles en la vida cotidiana. Como aquel para Sobrevivir a las navidades. O cómo conseguir Conciliar el sueño con los poemas más soporíferos de las letras alemanas. Desde Goethe a Rilke, ojo.
