“Este libro lo llevo dentro de mí desde hace muchos años, desde el momento en que leí, en 1994, el Kunststück que Frank Zöllner dedicó al celebre cuadro de Leonardo. Sus conclusiones, que son las generalmente aceptada, aunque con alguna excepción muy rara, no me convencieron en absoluto, y por varias razones.”

Empezando por la conclusión del autor del libro, podemos llegar a comprender lo complejo de la trama histórica, investigada con rigor intelectual y científico, que permite a Roberto Zapperi afirmar sin lugar a duda que el comitente del cuadro de Leonardo da Vinci fue Giuliano de Medici. Giuliano encargó al artista un retrato imaginario de su amante fallecida, desmontando la tesis que indicaba Lisa Gherardini, mujer del mercader florentino Francesco del Giocondo, como la protagonista del cuadro.

Se trata en realidad, según el historiador, de la difunta Pacifica Brandani, madre del hijo natural de Giuliano de Medici, Ippolito, a quien quiso regalar una efigie de su madre, que nunca había conocido.

En abril de 1515 Giuliano de Medici encargó a Leonardo da Vinci el retrato de la dama de Urbino,

la Gioconda, según la tradición florentina de los retratos de los parientes difuntos, una practica seguida también por los Medici. Pero como no tenía ninguna imagen de ella dejó libre a Leonardo da Vinci de dibujar su fisionomía, sobre la base de su descripción sumaria y aproximada.

El origen del retrato más famoso de la historia

Giuliano de Medici conoció Pacifica Brandani durante su estancia en Urbino y cuando en 1511 se marchó de la localidad estaba convencido que el niño que la mujer esperaba no era el suyo. Al dar a luz la dama de Urbino murió y el bebé fue primero alojado en el Orfanato, administrado por la cofradía de Santa Maria del Pian di Mercato y , finalmente, confiado a la familia de Bartolomeo di Giorgio de Monteguiduccio, una localidad vecina a Urbino.

Sin embargo, pocos meses después Giuliano se presentó para reconocer a la criatura como hijo natural y eligió para él el nombre de Ippolito, respetando por un lado la tradición de los Medici de elegir para los hijos naturales nombres extraños a la tradición familiar y por otro lado, apuntó hacia aquella tradición mitológica que tanto apreciaba y que le hubiera permitido declarar su amor hacia la desaparecida Pacifica Brandani, aludiendo al mito de Teseo y de su hijo Ippolito.

Mona Lisa, adiós

Giuliano de Medici, el mecenas de la Gioconda murió en 1516 y el retrato nunca fue entregado a su hijo Ippolito. El cuadro quedó en manos de Leonardo da Vinci que se lo llevó a Francia y lo terminó de su propia invención. Allí, en París, La Gioconda, retrato imaginario de mujer, según Zapperi, quedó hasta hoy, donde se puede contemplar en el Museo del Louvre.

El nombre del cuadro Gioconda, es decir que da alegría, vivifica y reconforta, se debe a la sonrisa de la mujer ideal pintada por Leonardo. Según Zapperi de esto se trata, de una mujer ideal pintada por el artista que comprendió lo que Giuliano de Medici deseaba y dedicó su retrato al tema de la maternidad.

Roberto Zapperi, el autor del libro

Roberto Zapperi es un historiador italiano que ha dedicado sendas páginas a estudios monográficos sobre grandes artistas italianos del Renacimiento y del Barroco, como Tiziano, los Carracci o a personajes del calibre de Goethe. Sus estudios siempre rigurosos han puesto en muchos casos en tela de juicio los conocimientos conformistas de las academias culturales. En este sentido no es un caso que su libro sobre la “Gioconda” todavía no esté publicado en italiano.

El libro “Adiós, Mona Lisa”, publicado en lengua española en 2010 por Katz difusión, se convierte ahora en una obra de referencia obligada para todos los que quieran profundizar el entramado histórico de La Gioconda, el cuadro más famoso del mundo y de su “prima” La Gioconda del Prado recién restaurada en la pinacoteca madrileña.