Las adicciones no se limitan solo al consumo de sustancias, sino que, también, ciertas conductas que proporcionan placer pueden ser adictivas. El sexo es un placer que puede obtenerse con rapidez, aumentando los niveles de un neurotransmisor cerebral denominado dopamina, lo mismo que ocurre cuando se consume cocaína.

En España existen 1.600.000 adictos al sexo, lo cual supone un 4% de la población. Muchas personas no son conscientes de su adicción y viven esta realidad ocultando el problema y sintiendo, al mismo tiempo, complejo de culpa.

La sociedad los considera viciosos o depravados. Es una adicción poco confesada, pero más extendida de lo que se cree y, recientemente, ha sido reconocida como una verdadera enfermedad.

Los adictos al sexo no se atreven a pedir ayuda

Sienten vergüenza, se ven inmersos en una conducta de la que no pueden escapar, suelen usar la prostitución y la pornografía, con un tipo de sexo compulsivo. Para evadirse de la realidad, reducen su vida al sexo y, en general, viven esta dependencia con vergüenza y frustración.

Con frecuencia, se sienten culpables, asociando lo que hacen a algo sucio, lo que, a su vez, les lleva a deprimirse y a centrarse más en la adicción. Es decir, su adicción se convierte en un círculo vicioso.

Las líneas eróticas son uno de sus refugios

Muchos adictos al sexo recurren a las líneas eróticas. A través del teléfono, las voces sugerentes estimulan a los usuarios.

Pero las líneas eróticas son solo una de las muchas posibilidades que les ofrece el mercado del sexo, un próspero negocio que en España mueve muchos millones de euros al año, si bien la cantidad exacta es muy difícil de calcular, ya que los beneficios que se generan son, en su mayoría, dinero negro.

El adicto al sexo es obsesivo-compulsivo

Un adicto al sexo puro, es aquella persona a la que el sexo no le daría solo placer, sino que para ella sería una necesidad, un impulso compulsivo que no podría evitar, repercutiendo en todos los aspectos de su vida. Sería capaz de perderlo todo por sexo, y esa búsqueda continua de placer le conduce a la soledad.

Por tanto, la adicción al sexo es una conducta que podría incluirse dentro de las patologías obsesivo-compulsivas.

Los adictos al sexo son víctimas de su propia enfermedad

Los adictos al sexo observan cómo sus vidas se convierten en un reflejo esperpéntico de su enfermedad y añoran aquello que han ido perdiendo por el camino: la capacidad de emoción, de disfrutar, de controlar su voluntad.

El adicto busca obtener un placer, pero, sobre todo, aliviar un malestar. El sexo se convierte en un arma para reducir la enorme ansiedad que siente y su actividad sexual se convierte, así, en una auténtica obsesión.

La sexualidad es un vehículo de expresión afectiva

La adicción al sexo margina el plano sentimental, afectivo-emocional, y se canaliza en la fantasía permanente del contacto sexual, donde se produce una pérdida de la libertad del sujeto, rebajando la conducta humana hasta convertirla en una conducta animal.

En ocasiones, la pareja del adicto le ayuda, o le facilita su comportamiento. Puede ser esta una ayuda pasiva, mirando hacia otro lado y no haciendo preguntas. Su pareja tiene la sensación de que algo está pasando, de que algo no va bien, pero no quiere saberlo y, otras veces, en cambio, se implica en el comportamiento del adicto, participando en ciertas prácticas sexuales contrarias a sus principios, como ver pornografía con él o aceptar sus relaciones con otras parejas.

La infancia es clave en el desarrollo de las adicciones

La infancia es una etapa fundamental en el desarrollo de cualquier adicción. Muchos adictos al sexo sufrieron abusos sexuales cuando eran niños, pero estos no son la única causa que desencadena el trastorno.

Hay estudios que indican que un alto porcentaje de los adictos al sexo experimentaron también abusos emocionales y cuando se violan esas fronteras, se grita a los niños, se les falta al respeto, se les insulta, o se les maltrata constantemente, los niños interiorizan esos incidentes y pueden desarrollar conceptos muy negativos de sí mismos, fomentando la creencia de que son personas malas que no sirven para nada y terminan por considerarse unos fracasados.

La recuperación es difícil y dolorosa

El proceso de recuperación de la adicción al sexo es difícil y doloroso. El primer paso es reconocer la enfermedad; tras ello, los adictos deben iniciar una etapa de abstinencia durante la cual no pueden practicar ninguna actividad sexual al margen de una relación sentimental.

La abstinencia no es fácil, pero los adictos que alcanzan esta etapa saben que ya han logrado lo más difícil, que es el primer paso de reconocer su enfermedad. Sin embargo, a partir de ahí queda un largo camino por recorrer.

Se inicia un proceso de recuperación lento, que les permitirá alcanzar la libertad para evitar recaídas. Los adictos al sexo deberán luchar contra sus propios impulsos y contra aquello que les ofrece la sociedad, una sociedad que les considera viciosos y depravados, una sociedad que idolatra el sexo y el amor romántico, una sociedad que gasta miles de millones en sexo, en la sombra, pero que rechaza a aquellos que se enganchan a ese consumo.