El adicto al juego, tal y como ocurre con todas las adicciones, es alguien que no puede controlar sus impulsos. Por más que sea consciente de lo nefasta que puede ser su actitud y de los perjuicios que le ocasiona tanto a él como a su entorno más próximo, es incapaz de ejercer control alguno ante la compulsión que le produce el juego. A pesar de ello, y aunque su pensamiento negativo le impida ver una salida, la adicción al juego puede superarse.

Efectos, consecuencias y síntomas de la adicción al juego

Como sucede en la mayoría de las adicciones, el jugador compulsivo, en un primer momento, cree que puede controlar el impulso que siente hacia el juego. De hecho es algo que sigue creyendo durante mucho tiempo. Cuando la lógica no es aplicable, entonces aparece la autonegación. Los efectos del juego cada vez son mayores, el control desaparece por completo y las consecuencias son cada vez más graves.

Concepto de adicción y perfil del ludópata

La adicción, aunque puede tener algún componente genético según algunos estudios, suele ser un desencadenante de ciertas circunstancias conflictivas que, muchas veces, provienen de la infancia. La ludopatía, como otras adicciones, es una negación de la realidad, una incapacidad para enfrentarse a la misma. La adicción es un comportamiento que suele esconder otros problemas y que no se puede controlar por la mera voluntad.

El problema que entraña querer establecer un perfil único, sea cual sea el ámbito que se pretenda abarcar, no es menor. Este es un planteamiento que también puede aplicarse a las adicciones y, en particular, a la adicción al juego. Sin voluntad de oponerse a unos hechos contrastados, como son los patrones de conducta que caracterizan a los adictos al juego, cabe considerar el componente personal, con sus circunstancias concretas, sus recursos y la fase en la que se halla el jugador dentro de esa espiral que llamamos adicción. Pero sea cual sea la fase, el comportamiento compulsivo siempre está presente y la posibilidad de erradicarlo nunca es fácil.

Proponer algún tipo de pensamiento o actitud que, por sí misma, sea capaz de neutralizar la compulsión por el juego, tal vez sea esperar demasiado, máxime, cuando la negación del problema es un poderoso agente que siempre está actuando en el psiquismo del adicto, desactivando cualquier iniciativa o pensamiento encaminado a la búsqueda efectiva y realista de soluciones.

Grupos de autoayuda para la ludopatía

El pensamiento es el paso previo que precede a la consumación de un acto. Está claro que se trata de una obviedad, pero también conviene tener presente lo fundamental que resulta la existencia de un pensamiento sólido para que las acciones sean asumibles y alcanzables. La fuerza de un pensamiento, unido a la motivación de un objetivo, es el armazón teórico que muchas asociaciones y grupos de autoayuda tratan de llevar a la práctica para neutralizar la compulsión.

El éxito, en todo caso, siempre se halla supeditado a la voluntad del adicto. Pero no tanto a la voluntad en sí misma como a una fuerza autosuficiente, que en el caso del adicto suele ser bastante endeble, sino a la voluntad de generar los pensamientos y objetivos que aporten una estructura en la que creer; un marco desde donde construir una nueva realidad. Esta estructura debería funcionar tanto a nivel individual como grupal, aunque resulta innegable el apoyo que aporta un grupo en su función de refuerzo y compromiso, del mismo modo que es demostrable la fragilidad individual y lo fácilmente que puede ser derrotada por la negación.

Vencer la ludopatía

Los objetivos siempre deben estar sustentados por pensamientos e ideas razonables que se puedan llevar a la práctica. Es muy común en el adicto fantasear y depositar sus esperanzas en objetivos inalcanzables que suelen acabar en la frustración y, a su vez, retroalimentando la compulsión por el juego como válvula de escape ante una realidad cada vez más intolerable.

El adicto al juego puede gastar lo que tiene y, en muchas ocasiones, hasta lo que no tiene. Un pensamiento basado en el autoengaño puede consistir en la creencia de que día a día no está gastando demasiado dinero. Pero si es capaz de aplicar el pensamiento positivo y realista, pronto verá que la suma de lo perdido le impide realizar cualquier proyecto de futuro. Eso en el mejor de los casos. No es infrecuente que la espiral de la adicción lleve al ludópata a endeudarse hasta un extremo que más pronto que tarde se tornará insostenible.

A la postre, el pensamiento idóneo es aquel, por decirlo de algún modo, en que el adicto se da por vencido. Es decir, llega a la conclusión de que tiene un problema, de que no es capaz de solucionarlo y de que necesita ayuda para salir del pozo. Normalmente esta ayuda puede llegar de manos de un profesional o bien de alguna asociación especializada en este tipo de adicciones. El hecho de reconocerse entre los demás, tal y como sucede en los grupos de autoayuda, y romper esa cárcel de aislamiento, incomprensión y soledad, es un factor de gran importancia en el camino de la superación del problema.

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