En la era del cénit del capitalismo, el ser humano convertido en urbanita, pendiente y dependiente de las nuevas tecnologías, padeciendo crisis sociales y económicas constantes, ha descubierto una nueva plaga debida al estilo de vida: las llamadas “enfermedades postmodernas”.

Los distintos especialistas las catalogan según su área; han aparecido nuevas enfermedades reumáticas, óseas, epidemiológicas, y psicológicas. A continuación vamos a hacer hincapié en estas últimas, sobre todo en las nuevas adicciones, algunas de las cuales sorprenden por su origen o por lo desapercibidas que pueden pasar, incluso para quien las padece.

Enfermedades tratadas como “manías”

Hay enfermedades que han sido reconocidas como tales, no sin tiempo de ser tomadas como sintomatologías exageradas, como las crisis de ansiedad y la depresión. Hasta no hace demasiados años, esas alteraciones psicológicas eran miradas con recelo por el conjunto de la sociedad, e incluso por bastantes especialistas médicos. Hoy en día, ese capítulo parece estar superado y, quienes padecen una depresión en sus distintas variantes o alguna de las muchas clases de ansiedad o ataque de pánico, son tratados terapéutica y/o farmacológicamente.

La fibromiálgia fue considerada un trastorno musculoesquelético y neuropsiquiátrico, hasta comprobarse años más tarde que se trata de alteraciones en el sistema nervioso central, afectando a regiones del cerebro. Aun así, y pese a existir medicación conductual y fármacos específicos para su tratamiento, no hay todavía una cura universalmente aceptada. Afectando a un dos o tres por ciento de la población femenina joven -entre 20 y 50 años de edad- los síntomas de estas pacientes, consistentes entre otros en fatiga crónica extrema, dolor persistente generalizado, rigidez muscular de intensidad variable, dolores de cabeza, problemas del sueño, dificultades de memoria y de pensamiento, y otras variantes psicológicas, fueron tomados como patologías menores, incluso “manías”, al comienzo de su aparición entre la población.

Postmodernismo y adicciones extrañas

Sin embargo existen todavía enfermedades psicológicas debidas al estrés, las modas o las demandas de la vida moderna que son auténticas desconocidas. Entre ellas, las que más apartados tienen son las nuevas adicciones. Hemos oído hablar de tratamientos para combatir la adicción al alcohol, drogas tradicionales o de diseño, ludopatía o incluso al sexo. Pero seguro que pocos de ustedes han oído mencionar la adicción al desamor, la belleza física, al trabajo, al deporte, las compras o a Internet.

Cualquiera de estas motivaciones parecería absurda, trivial y movería un poco a risa, si no fuera porque en las consultas psicológicas empiezan a agolparse tantos casos de esas tesituras que comienza a crearse cierta alarma entre los especialistas, algunos de los cuales las tachan ya de “epidemia”.

Adicción al desamor, o miedo a sufrir de nuevo

El psicólogo italo-argentino, afincado en España, Walter Riso ha publicado recientemente un libro titulado El desamor es un problema de salud pública. Pese a que el propio autor define como “provocación” el juego de palabras del título, afirma en su obra que cada vez son más las personas que tienen dificultades para sobreponerse al abandono de la pareja, divorcio o simple apatía emocional.

En su libro, Riso intenta dejar las claves, según él, para alejar el fantasma del fracaso amoroso, pero lo cierto es que la poca duración en las relaciones de pareja aumenta día a día, provocando crisis emocionales a menudo intensas y repetidas.

“Hay personas que sufren demasiado y pierden su propia esencia del ser; por eso necesitan pasar por cuidados intensivos. Mi libro, en ese sentido, está encaminado hacia una actitud preventiva y de promoción de la salud: es preciso distinguir entre el amor bueno y el malo, el amor sano y el enfermo, dice el psicólogo en una entrevista, y es que el miedo a la soledad se ha unido al miedo a ser dejados o no amados.

Por eso existe una especie de adicción a tener parejas diferentes y de forma constante, sin mediar apenas el afecto, sin amplias perspectivas de futuro, y siendo antes el “dejador” que el dejado, como método de no sufrir por el inminente o posible abandono del otro.

Adicción a Internet

Desde hace algunas décadas, algunos investigadores (Echeburúa, 1999; Griffiths, 1998) han evidenciado la existencia del desorden de adicción a internet, similar al que existe con la adicción al juego (ludopatía), al sexo o al trabajo.

La facilidad con que la población accede a este medio tecnológico de comunicación, ha posibilitado que ciertos grupos se aficionen demasiado a conectarse a la red, con distintas expectativas, hasta provocar consecuencias de comportamiento negativas.

Los componentes fundamentales de esta adicción serían la pérdida de independencia y de control, existiendo una serie de circunstancias que complementan el perfil del adicto compulsivo, de las que debería hablarse más ampliamente.

Básicamente, la definición de adicto a internet estaría más en función de la relación que se establece con una actividad en la red, que en la propia actividad que arrastra a la adicción.

Adictos a la belleza

En un mundo donde la belleza física, el culto al cuerpo y la apariencia de juventud son valores en alza y altamente deseados, conseguir uno o todos estos atributos se convierte en una necesidad vital, para muchas personas.

Gimnasios, productos cosméticos, tratamientos de belleza y cirugía estética han pasado a ser de meros medios para el cuidado cotidiano a auténticas obsesiones compulsivas, creando así una adicción impensable en otros tiempos.

Organismos como la Sociedad Española de Medicina y Cirugía Cosmética, advierten que unas 40.000 menores de edad, al año, pasan por el quirófano por cuestiones estéticas.

Como vemos, estos son solo unos ejemplos de la parte negativa que el progreso, las tendencias y la vida actual conllevan. El estar advertidos de ello puede ayudar a que muchas personas se decidan a reconocer que sufren uno de estos problemas y puedan combatirlo.