Hoy, por suerte, y en este caso quizás por desgracia, todo está al alcance de un clic, es práctica habitual creer lo primero que se lee o se escucha, sin tan siquiera tomar un momento para corroborar la información recibida. Esto, aplicado a la pérdida de peso, puede tener consecuencias nefastas para nuestra salud. Recurrir a dietas cuyo único propósito es el de bajar peso rápido es lo más habitual entre quienes tienen problemas relacionados con la alimentación.

Conocer nuestro cuerpo es el primer paso

Un error muy habitual que se comete a la hora de empezar una dieta para bajar de peso, es despreciar miles de años de evolución. Nuestro cuerpo es el legado que nos queda de innumerables situaciones que nuestros antepasados sufrieron en nuestro beneficio. Históricamente la alimentación estaba condicionada a lo que la naturaleza ofrecía. Cuando había comida, se comía. Y cuando no, había que subsistir con lo que nuestro cuerpo había almacenado. Esto adaptó el organismo a almacenar energía en forma de grasas en periodos de prosperidad y a ahorrarla en otros menos benévolos. Es por este capricho de la evolución que muchos fracasan en su intento de perder peso, o mejor dicho en no recuperar lo que se ha perdido.

Es práctica habitual reducir drásticamente el número de calorías consumidas para lograr perder peso rápidamente. El objetivo inicial se logrará sin problemas, pues el cuerpo se verá obligado a consumir las reservas de grasas para poder llevar a cabo sus funciones vitales, como respirar, pensar o bombear sangre. Al hacer esto el organismo interpretará que los alimentos escasean y protegerá su supervivencia mediante una reducción del gasto calórico, afectando a aspectos como la frecuencia cardiaca, funciones cerebrales o al apetito sexual. Es lo que se puede denominar modo ahorro. La consecuencia de esta respuesta biológica, es que al retomar un consumo calórico más acorde con las necesidades normales, se recuperará el peso perdido rápidamente, ya que se estará aportando al organismo muchas más calorías de las que necesita.

La importancia del índice metabólico basal

Tras comprender que intentar adelgazar en una semana lo que se había engordado durante años no es una solución factible, se puede iniciar el camino para comenzar a adelgazar sano. Para ello se debe conocer el IMB o índice metabólico basal, que se usa para calcular el requerimiento calórico mínimo que necesita un ser humano para mantenerse vivo, es decir para cumplir con las funciones vitales antes expuestas. Todo lo que sea ingerir menos calorías de las que marque el IMB de un individuo concreto será contraproducente y perjudicial para su salud. Para calcular el IMB usaremos la formula siguiente:

  • Hombres: 66 + (13,7 x Peso en Kg) + (5 x Talla en Cm) - (6,8 x Edad)
  • Mujeres: 655 + (9,6 x peso en Kg) + (1,8 x Talla en Cm) - (4,7 x Edad)
Así un hombre de 35 años, 80 kg de peso y 175 cm de altura debería consumir 1799 calorías diarias para proporcionar a su metabolismo la energía necesaria para cumplir con sus funciones vitales sin sobreesfuerzos. Mientras que una mujer de 35 años, 65 kg de peso y 165 cm de altura deberá consumir 1411 calorías para cumplir con el mismo fin. Calorías que deberían obtenerse de una dieta equilibrada compuesta por un proporción aproximada del 50-60% de hidratos de carbono, 15% de proteinas y menos del 30% de grasas.

Aportando las calorías adecuadas, se logrará el óptimo funcionamiento del organismo, encontrando en el ejercicio físico moderado y la alimentación equilibrada, los mejores aliados para perder grasa.