De acuerdo con Keith Melville, en su libro Las comunas en contra de la cultura, "La vieja cultura, cuando la obligan a escoger, tiende a otorgar prioridad a los derechos de propiedad sobre los derechos personales, a las exigencias tecnológicas sobre las necesidades humanas, a la competencia sobre la cooperación, a la violencia sobre la sexualidad, a la concentración sobre la distribución, al productor sobre el consumidor, a los medios sobre los fines, al secreto sobre la franqueza, a las formas sociales sobre la gratificación, al amor edípico sobre el amor comunal".

La contracultura y la vida comunal, la crítica del orden establecido

La idea del movimiento comunal es poner patas arriba la cultura dominante convirtiéndose en la crítica contemporánea del orden establecido.

La contracultura no es ni coherente ni unitaria. Es una reacción contra los valores y errores característicos de la cultura básica occidental, y no una visión coherente de una alternativa viable, pero más sustancial que un mero movimiento para épater les burgeois. No existe un modelo único de comunidad. Podría decirse que se trata más bien de una "cruzada medieval" que unifica bajo una misma consigna a una docena de causas diferentes.

Contracultura en la Unión Soviética

Según un informe reciente, hasta la Unión Soviética tiene su variante de la contracultura, las "pandillas Bichi", formadas por antiguos directores de bancos, arquitectos, artistas desilusionados, artesanos del metal, graduados académicos y pianistas que viajan por las estepas rusas como bandas itinerantes.

Activistas vs. hippies, revolucionarios contraculturales

Los objetivos de los jóvenes revolucionarios tienen sentido para la mayoría de los condicionales. Los revolucionarios quieren el poder, lo que resulta sensato para la mayoría de los occidentales. La estrategia del cambio a través de la revolución política les parece aceptable. En cambio, la programática del joven apolítico, el hippie, resulta casi incomprensible.

Conviene, pues, examinar las contradicciones entre los activistas militantes y los hippies, las diferencias entre los políticos radicales (alterar la estructura del poder por medio de la revolución) y los apolíticos que constituyen la izquierda psicodélica (forjar un nuevo estilo de vida, cambiar la sociedad desde abajo).

Los hippies y los años 60

Hippie es una persona que se adhiere a una subcultura con orígenes en el movimiento de contracultura de los años 60 del siglo pasado. La palabra hippie deriva del inglés hipster que solía usarse para describir a la subcultura previa de la Generación Beat.

Los hippies crearon sus propias comunidades, escuchaban rock psicodélico, abrazaron la revolución sexual, participaban del activismo radical y usaban drogas como la marihuana, el LSD y otros alucinógenos para expandir la conciencia.

A fines de los años 60 en EEUU, los hippies constituyeron una suerte de moda juvenil para después quedar fuera de moda, pero subsiguientes generaciones de neohippies mantendrían vivo al movimiento como una subcultura establecida de muchas formas hasta hoy: pequeños enclaves de neohippies, mayoritariamente rurales.

Paz, amor libre y drogas

"Los hippies adoptaban un modo de vida comunitario, basado en el amor y la paz, renegaban del nacionalismo y de la Guerra del Vietnam, tomaban elementos de religiones como el budismo, el hinduismo, y también de las religiones de los indios norteamericanos. Estaban en desacuerdo con los valores tradicionales de la clase media estadounidense. Consideraban el paternalismo gubernamental, el militarismo, las empresas multinacionales y los valores sociales tradicionales como parte de un sistema que, a sus ojos, no tenía legitimidad", explica Melvin en su obra El movimiento hippie.

Por sí mismo el movimiento no tenía un carácter ideológico ni político claramente definido, aunque sus ideas y su modo de vida tienen cierta similitud con algunos aspectos del anarquismo.

La evolución de algunas comunas hippies ha dado lugar a las ecoaldeas de hoy, también llamadas "comunas del 2000."

Los hackers y la aldea global

La contracultura como las sociedades siempre está en movimiento. Con la voluminosa tendencia informativa de las sociedades de servicios, de la llegada de la era comunicativa; gracias a prótesis como las computadoras, los modems y demás artefactos similares, surgieron un conjunto de personajes autodenominados guerrilleros de las pantallas, mejor conocidos como hackers.

La distribución social del ciberespacio

Los primeros hackers detenidos coincidieron en que su inspiración había sido la novela Neuromante de William Gibson; a partir de esto, se ha venido produciendo una paulatina simbiosis entre tribus de hackers y cibepunks, literatos y músicos; entre personas que desarrollan una labor de nómadas y de laborantes virtuales, de viajeros por las redes y los bites que tienen como fin hacer una distribución del ciberespacio.

Comunas electrónicas

"Puede decirse que son entes subversivos que aplican al servicio del amor, el juego, la transgresión, la política... sus conocimientos computacionales; muchas comunas electrónicas con el fin de socializar e integrar una comunicación interplanetaria, han creado los denominados pizarrones electrónicos con largas hileras de 'domicilios' mejor conocidos como BBS (Bulletin Board System) de uso gratuito, en el cual participan los interesados de la comunicación basada en bites.

Con los BBS parece concretarse la aldea global descrita por Marshall McLuhan: se ha procurado un planeta de comunicación intertribal, de pequeñas microsociedades: la navegación en estas poblaciones virtuales están diseñadas para todos los gustos y preferencias sexuales y con existencia volátil como la duración de la misma información electrónica" , señala en El Cotidiano, Antulio Sánchez.