Todas las personas tienen derecho a ser respetadas y tratadas dignamente, sea cual sea su sexo o estatus social.

Muchas veces, el poder y la jerarquía coloca a determinados colectivos en situación de riesgo, sobre todo en el ámbito laboral. Estos colectivos, comprenden principalmente: mujeres (jóvenes, embarazadas, primer trabajo, inmigrantes y discapacitadas), homosexuales, bisexuales y transexuales.

Esta relación jerárquica que se produce en condiciones laborales hace que muchas veces se utilice este poder para conseguir favores sexuales de las personas más vulnerables.

Ninguna condición física, personal o de forma de ser, inducen a una persona a ser acosada, teniendo que ser respetada en el puesto de trabajo que esté desempeñando. Si esto no ocurre, la persona deberá tomar las medidas pertinentes.

Qué es el acoso sexual

Según la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres, se define el acoso sexual como “cualquier comportamiento, verbal o físico, de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo”.

Según esta definición es bastante complicado definir exactamente el acoso sexual , teniendo muchas veces elementos subjetivos, ya que la sensación de ataque contra la dignidad personal suele ser muy variable de unas personas a otras.

En otros casos, cuando el acoso sexual se manifiesta también físicamente, será mucho más fácil de identificar.

Cómo identificar el acoso sexual

El elemento principal y clave del acoso sexual es que es un comportamiento no deseado por quien lo padece. Suelen incluir comportamientos de carácter sexual, ya sean físicos o verbales. Pueden producir ataque contra la integridad personal y suelen ser comportamientos ofensivos o intimidatorios.

El acoso sexual suele manifestarse como comportamientos persistentes y duraderos en el tiempo. No obstante, existen otros comportamientos puntuales que pueden considerarse como acoso o abuso sexual, cuando los hechos son graves.

El acoso sexual puede clasificarse en dos vertientes distintas: el acoso ambiental y el chantaje sexual.

Acoso ambiental

El acoso ambiental hace referencia al ambiente laboral que se produce cuando quien acosa crea un contexto intimidatorio, humillante u hostil para el acosado/a. Lo más común es que se trate de comentarios verbales sobre atributos sexuales o comentarios obscenos sobre las habilidades sexuales de la persona acosada. También es frecuente hablar del pasado sexual (real o inventado) del acosado/a.

Otro tipo de comportamientos que comprende el acoso ambiental serían los tocamientos o arriconamientos frecuentes y repetidos.

Chantaje sexual

El chantaje sexual se produce cuando existe una relación jerárquica entre acosador/a y acosado/a. El acosador utiliza su posición de poder para conseguir algún bien sexual. A cambio, le ofrecerá el acceso al puesto de trabajo, un ascenso o mejoras salariales.

En otras ocasiones, el chantaje puede no implicar la ganancia de derechos, si no la no pérdida de estos. En estos casos el acosado/a podrá conseguir a cambio de la relación sexual, no perder el puesto de trabajo.

El chantaje sexual puede ocurrir de forma explícita y directa, cuando el acosador expresa verbalmente la proposición; o de forma implícita, cuando el acosador sugiere de forma poco clara lo que puede ocurrir si no accede a la relación sexual.

Si se detecta un acoso o chantaje sexual, el acosado/a deberá informarse sobre cuáles son sus derechos en dicha situación. A partir de ahí, deberá tomar las medidas legales correspondientes.