En el transcurso de la vida, las personas, generalmente las féminas, suelen enfrentarse a alguna o varias de las diferentes formas de violencia y/o acoso sexual. Una de cada cinco mujeres sufre de violencia sexual por parte de su pareja, según se plantea en el Informe mundial sobre la violencia y la salud. Es importante que el individuo logre identificar cuándo esto está sucediendo.

Los niños pueden sufrirlo en casa por parte de familiares o personas allegadas al hogar, y hasta de sus propios padres o hermanos. En la escuela y otros ámbitos, también ocurre.

El acosador se aprovecha de la inocencia infantil para prodigar mimos, manoseos y obligar a que le acaricien y más. Los padres, sobre todo las madres, deben lograr una comunicación muy fuerte desde que sus hijos son pequeños, que les permita a estos expresarles cualquier situación por la que estén pasando, y aclararles que el contacto físico afectivo de otras personas hacia ellos puede no ser tan ingenuo.

En el medio laboral y académico es común que personas con cierta jerarquía intenten obtener favores sexuales a cambio de mejoras prometidas a la persona asediada. Este acoso laboral provoca graves daños en la víctima.

En la vida social, el acoso se presenta en forma de piropos desagradables y groseros, con gestos obscenos, miradas lujuriosas o propuestas indeseadas. En ocasiones, en plena calle o dentro de aglomeraciones, se aprovechan para rozar las zonas sexuales del cuerpo codiciado.

Acoso sexual dentro del hogar

Pero en la vida de pareja, dentro del matrimonio, también se presenta este fenómeno lacerante, aunque muchas personas consideren que es algo que no puede ocurrir y del cual no se habla por descabellado que suele parecer.

El acoso sexual, que puede llegar incluso hasta la violencia, al ocurrir dentro del matrimonio se soporta, generalmente, de forma callada, en ocasiones de manera inconsciente, por la parte de la persona que lo sufre. No es identificado mentalmente como una agresión, solo como algo que desagrada y resquebraja la autoestima sin que se llegue a expresar abiertamente el rechazo que provoca en la persona sobre la que se realiza.

Múltiples factores entre los que podemos citar los económicos, sociales, de idiosincrasia en diferentes culturas y otros pudieran ser los causantes de que esto ocurra dentro de la relación de pareja, pero lo cierto es que es un fenómeno existente en todas las regiones del mundo.

Las diferencias entre las necesidades sexuales existentes entre una persona u otra puede ser una de sus causas, así como la enorme desigualdad que asume la mujer dentro del hogar, sobre todo después de que nacen los hijos.

La llegada de un bebé constituye un cambio grande en la vida de la mujer, la responsabilidad sobre sus hombros se duplica, así como la carga de trabajo. Esto provoca que su cuerpo se debilite y estrese, y la consiguiente degradación de los deseos sexuales.

Por su parte, el hombre, quien mantiene sus rutinas casi inalterables después del nacimiento de los hijos, ya que no se enfrenta a un parto, una lactancia, ni queda en casa al cuidando del bebé, desea que nada altere sus hábitos y sufre el rechazo que al sexo hace su pareja.

Él desea sexo con la misma intensidad de siempre mientras la esposa implora descanso.

Puede que ella no llegue a rechazarlo, pero la frecuencia de sus deseos sexuales disminuye. A su vez, él, insatisfecho, quiere más y más, comenzando así, un proceso de realimentación de deseos contrarios, dónde él busca cualquier oportunidad para lograrlo y ella las evita. Esto es acoso sexual hacia la mujer.

Cómo identificar que esta ocurriendo un acoso o violación

Cuando se insinúa el sexo reiteradamente, sin que constituya esto un placer para ambos, estamos en presencia de acoso sexual.

Siempre que se tenga una relación sexual no deseada, ha ocurrido una violación.

Las relaciones sexuales no deben ser realizadas a cambio de -, por temor a -, o por no haber expresado claramente que no son deseadas.

El fingir un orgasmo es signo de que se desea terminar el contacto pues no es realmente placentero.

Si no se quiere repetir el acto sexual, y la persona se ve forzada a hacerlo, la misma esta siendo violada.

Toda práctica erótica que desagrade al individuo constituye una violación y flagela a quien la sufre, mancilla su autoestima y como algo que se asume de forma callada, provoca daños en la personalidad.

Existen factores que convierten a las personas en seres frágiles ante actos de violación o acoso, así como otros que favorecen a conductas violadoras.

Solución o fin del acoso

Los síntomas que generan estas agresiones son detectados solo después de avances terapéuticos en tratamientos personales o de pareja, pues generalmente las personas se niegan a confesar que están siendo maltratadas o atropelladas sexualmente. Esta situación dentro de la pareja debe ser tratada por un facultativo, pues ambos resultan perjudicados a causa de este trastorno de conducta.

Por otro lado y si la posibilidad de una solución terapéutica no es real, existen leyes que condenan el acoso y/o la violencia sexual a las que se puede recurrir. Acudir a las autoridades competentes puede ser el final de una situación de abuso.

Nunca aceptar y callar deben tomarse como opción.