El chiste es una especie de texto pseudoliterario que busca hacer reír a alguien.
Para conseguirlo, pasa por un proceso de “desconcierto-esclarecimiento”, un
efecto sorpresa que rompe las expectativas comunicativas en el interlocutor,
rasgo que lo emparenta con la comicidad más que con el humorismo.

Muchos analistas de la técnica del chiste le adjudican
cierta tendencia al ahorro en la expresión verbal, por lo que el chiste suele
caracterizarse por su brevedad. Además, otra de sus tendencias es la fijación, o sea que es difícil que surja espontáneamente.

Desde el punto de vista que se le aborde, el chiste puede clasificarse de distintas formas: chistes prosaicos y poéticos, chistes verbales, intelectuales, situacionales, inocentes, tendenciosos, absurdos, etc.

 

En
medio del campo de batalla…

Revisemos un ejemplo para comprender su estructura:

 «En medio del campo de batalla, un Segundo Oficial

llega apresurado al lado de su Capitán con noticias del frente.

-¡Capitán, Capitán! ¡Se acerca un escuadrón de tanques!

“¿Amigos o enemigos?”, pregunta el Capitán a su
subordinado.

-Yo creo que son amigos, porque vienen todos juntos…»

 En este ejemplo, tenemos la famosa ruptura de las expectativas del oyente, pues el contexto de la situación narrada (un escenario de guerra) amerita una cantidad de seriedad. Parece que se está ante una anécdota importante que termina siendo un evento ridículo y de poca importancia. Ese es, nada más ni nada menos, el “efecto chistoso”.

Dicho “efecto” por ser el más frecuente en los chistes, es lo que lo emparenta con lo cómico, cuya característica esencial es la poca o nula transmisión de sentimientos, aunque no por ello constituye una ley.

 

Doble sentido del chiste

Podemos decir que las formas del humor (comicidad, humorismo, ironía, humor negro, chiste, etc.) tienen en común un contexto lúdico y una incongruencia o inadecuación. Pues bien, en el chiste esa incongruencia o inadecuación está en los diversos sentidos que se entrecruzan en una sola expresión verbal. Dicho de otro modo, la fórmula del efecto chistoso es doble sentido + alusión, donde la expresión verbal sugiere una ambigüedad en los significados que permite la interpretación chistosa de un enunciado, intervenido por el juego y el ingenio.

En el ejemplo anterior, la palabra “amigos” es la que introduce el doble sentido, esa disyuntiva que el Segundo Oficial resuelve con ingenio hacia una interpretación infantil y torpe de lo que pregunta su Capitán.

 

La alusión pertinente o reconocer la disyuntiva: el oyente en el enfoque pragmático

Los estudios pragmáticos sobre el fenómeno del humor
consideran relevante no sólo los textos (chistes) y las intenciones del emisor,
sino que también la intervención del oyente es importante para la correcta
interpretación y el éxito de un chiste. Según este enfoque pragmático, el
oyente debe identificar la disyuntiva que plantea el texto (el doble sentido
del chiste), comprenderla y después justificarla o explicar su pertinencia (alusión), es decir, saber en qué consiste esa disyuntiva.

En nuestro ejemplo, la interpretación que hace el Segundo Oficial de la palabra “amigos” es pertinente debido a la ambigüedad con la que la usa el Capitán. Si en el ejemplo, en lugar del vocablo “amigos”, el Capitán hubiera dicho “aliados”, sería difícil justificar una interpretación graciosa y el chiste no tendría éxito.

 

Freud y los posibles usos del chiste

Según la teoría freudiana, la intención del hablante determina que un chiste sea inocente, cuando su virtud radica en el chiste mismo, o tendencioso, cuando además de causar la risa está al servicio de otros propósitos.

El chiste tendencioso se divide a su vez en hostil (chistes destinados a la agresión o a la defensa) y en obsceno (cuando se busca mostrar alguna desnudez con el chiste). En estos casos, el chiste cumple también con la función de satisfacer instintos (libidinosos y/o agresivos) que sería difícil tratar de satisfacer de otra forma debido a los cánones sociales.

 

El chiste en el ámbito cotidiano

Por último, ya que el chiste plantea expectativas comunicativas hasta cierto punto elevadas, que terminan rompiéndose con ingenio, la utilidad del chiste en la comunicación cotidiana es la de mostrar ese ingenio, dándole un mayor estatus social al emisor del chiste.

Pero el chiste cumple también con la función de “lubricante” del engranaje social en la medida en que el éxito del mensaje también depende de la interpretación correcta del oyente; este juego de mensaje ingenioso y su correcta interpretación crea complicidades entre emisor y receptor, por lo que el chiste se usa cotidianamente para crear y fortalecer las relaciones interpersonales.