La sabiduria se adquiere a través de la experiencia, la instrucción y el consejo. En el libro de la Sabiduría 7:22-23 dice: “Hay en la sabiduría un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, móvil, lúcido, puro, claro inofensivo, amante del bien, penetrante, independiente, bienhechor, amigo del hombre, firme, seguro, tranquilo, que todo lo puede y a todo está atento, que penetra en todos los espíritus, los inteligentes, los puros y los más sutiles”.

Diferencia entre conocimiento y sabiduría

¿Tiene la sabiduría que ver con el conocimiento? ¿Son todos aquellos grandes pensadores y filósofos, sabios? Probablemente en algún tiempo, como en la época de Platón o Aristóteles, sí. En los tiempos antiguos, la sabiduría era el producto de un concienzudo estudio sobre diversas disciplinas o aspectos de la realidad humana.

Sin embargo, ante la complejidad del vasto mundo del conocimiento era realmente imposible que alcanzaran a lograr la sabiduría, pero esto les daba gran autoridad en la sociedad y les ofrecía también grandes privilegios, además por supuesto de recibir el apelativo de sabios. William Cowper decía a este respecto: “La ciencia y la sabiduría, lejos de ser una misma cosa, no tienen entre sí a menudo conexión alguna”.

Prudencia, sensatez y sentido común

En la actualidad tenemos una concepción un poco diferente de lo que es sabiduría. Una persona puede tener mucho conocimiento y sin embargo, no tener idea de sabiduría. Hoy la sabiduría tiene más que ver con prudencia, sensatez, sentido común, ecuanimidad, madurez, discreción, cordura, discernimiento, actitud equilibrada, buen juicio, moderación, autocontrol y autoconocimiento. Galileo Galilei decía: “La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo”, y San Agustin de Hipona expresa: “La sabiduría no es otra cosa que la medida del espíritu, es decir, la que nivela al espíritu para que no se extralimite ni se estreche”.

Una persona sabia

Una persona sabia es aquella que:

  • Es coherente entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace.
  • Desarrolla una actitud positiva frente a la vida y a sus circunstancias, ya sean adversas o no.
  • Sabe integrar ampliamente su mundo interior con su entorno social.
  • Sabe reconocer cuando se equivoca y lo admite rápidamente.
  • Es humilde para aprender y cuestionarse.
  • Sabe escuchar con atención y respeto a los demás.
  • Asume los obstáculos y los enfrenta.
  • Sabe encontrar posibilidades y resultados donde otros solo ven problemas.
  • Valora su presente como su mayor tesoro.
  • Agradece sus dones y no se queja por sus inconveniencias.
  • Integra experiencias y aprendizajes.
  • Sabe controlar sus emociones.
  • Sabe disfrutar del silencio.
  • Habla poco pero cuando lo hace es bien escuchado.
  • Lucha por sus ideales.
  • Olvida el ayer y mira al futuro.
  • Sabe tomar decisiones frente a las circunstancias que lo rodean.

Experiencia, instrucción y consejo

La sabiduría no se nos da, sino que debemos aprenderla y descubrirla a través de nuestra propia experiencia, de errar y equivocarnos, pero también a través de la instrucción y el consejo. Son los años los que mejor nos traen sabiduría. Leonardo Da Vinci decía: “La sabiduría es hija de la experiencia y siempre pide consejo al que sabe corregirse a sí mismo”. La sabiduría es vida y quien la aprende ya tiene asegurado el resto de sus días, porque es la clave del éxito, del buen vivir y de la prosperidad.

La sabiduría según la Biblia

La Biblia está llena de maravillosos ejemplos acerca de la sabiduría pero en el libro de Proverbios 3:13-18 se ejemplifica muy bien lo que es, y los beneficios que trae el alcanzarla:

“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar con ella. Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas, paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano; y bienaventurados son los que la retienen”.