Los sueños eróticos interpretados como encuentros con seres fantásticos han existido en prácticamente todas las mitologías. Pero sólo en aquellas en donde se concibe una entidad representativa del mal se han considerado como negativos y se han atribuido a demonios.

El íncubo y su equivalente femenino el súcubo, fueron la viva imagen de la malignización del sexo. Los demonios lúbricos cuyo único fin era utilizar el deseo sexual de las personas como una herramienta para causar daño tuvieron su origen en las religiones persas y judías.

La masturbación generaba demonios

Ya el Zohar daba la advertencia contra el derramamiento de semen en la masturbación. La eyaculación no experimentada en un intercambio con mujer, aseguraba, daba lugar a cientos de demonios.

Sexo con un demonio

Aunque resulta difícil de creer, inicialmente la Iglesia cristiana se mostró escéptica ante los testimonios de quienes aseguraban haber sido víctimas de abusos sexuales por parte de un demonio. Pero conforme la Inquisición fue cobrando fuerza la postura oficial de la Iglesia se vio obligada a cambiar.

Para el siglo XIV el coito con demonios eran ya un asunto de principal importancia tanto para los sacerdotes como para las jerarquías más altas.

Las personas en su mayoría podían ser simples víctimas, pero había entre ellas quienes de hecho buscaban semejantes cópulas aberrantes. Esas eran las brujas.

La vida sexual de una bruja

Aquellas perversas mujeres junto con los herejes, es decir los judíos o practicantes de cualquier otra religión, acostumbraban tener sexo con íncubos tan frecuentemente como les era posible.

Su degeneración era tal, que además de las relaciones sexuales que tenían de ordinario con los íncubos, asistían a las orgías del aquelarre, donde no sólo se acostaban con otras personas sino que tenían sexo con demonios de alto rango.

En los diversos documentos que contienen confesiones de brujos y brujas la distinción entre “el demonio” o cualquier demonio resulta un tanto imprecisa.

Lo que sí se aclara es que lejos de ser una experiencia placentera, el intercambio sexual con demonios resultaban doloroso y repugnante.

Organos reproductores de íncubos y súcubos

Los íncubos tenían falos enormes hechos de cuerno o cubiertos con escamas. Su semen era un líquido helado.

El sexo con los súcubos no era mejor. Aunque se presentaban como mujeres bellas y voluptuosas, penetrarlas era como penetrar una caverna de hielo. Algunos hombres forzados a practicarles cunnilingus coincidieron en describir la experiencia como repulsiva.

Las vaginas de los demonios chorreaban orina y heces y excreciones viles que despedían un hedor insoportable.

Íncubos y el cabello de la mujer

Si bien los brujos y las brujas accedían a esos encuentros por propia voluntad, cualquiera estaba expuesto a ser víctima de un íncubo.

Solían presentarse en sueños y tenían predilección por las mujeres con hermosas cabelleras. También por las vírgenes y por las monjas.

Los ataques de íncubos eran mucho más frecuentes que los de súcubos. La razón, según el pensamiento patriarcal de la Iglesia, era que las mujeres resultaban blancos más fáciles por su naturaleza moralmente vulnerable.

Alejar a íncubos y súcubos

Existían cinco maneras recomendadas por la Iglesia para liberarse de las visitas de íncubos o súcubos.

  1. Confesarse frecuentemente
  2. Hacer la señal de la cruz
  3. Recitar el Ave María
  4. Mudarse a otra casa o a otro pueblo
  5. Que un sacerdote exorcizara al demonio
Rociar agua bendita también era una práctica recomendable.

Merlín hijo de un íncubo

Los íncubos eran capaces de engendrar hijos en las mujeres que atacaban. Aunque no poseían un semen propio, recolectaban las eyaculaciones de los dormidos o de quienes se masturbaban, o bien se transformaban en súcubos para obtenerlas.

Los frutos de tales violaciones paranormales eran considerados hijos del hombre que tan inadvertidamente habían cedido su semen. Aunque existían historias de niños que habían nacido mitad monstruo, mitad humano, lo que hace pensar que el íncubo otorgaba parte de su esencia.

Ese fue el caso de Merlín, que engendrado por un demonio, según cuenta la Historia de Merlín, nació todo cubierto de pelo.

El burdel de los súcubos

Un caso curioso sucedió en Bolonia Italia en 1468, cuando un hombre fue acusado de abrir un burdel atendido exclusivamente por súcubos. El hombre no solamente fue declarado culpable sino que a raíz de tan absurda acusación fue ejecutado.

Pero el caso no debió parecer extraño en sus épocas. Durante la cacería de brujas una de las confesiones que se buscaba arrancar mediante la tortura era la del involucramiento sexual con demonios.

Los métodos eran tan brutales que prácticamente nadie tenían la presencia de ánimo para defender su inocencia. Si a eso se le suma que todo sueño erótico era causado por el diablo, entonces se puede pensar que de hecho nadie, ni siquiera el inquisidor, era realmente inocente.