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Ningún ser humano puede caminar sin tener una columna vertebral sana que le permita erguirse y ser libre en su andar y en el acto de levantarse.
La misma imagen es lícita a nivel mental. La aceptación de sí mismo es la columna que permite a una persona crecer de manera estable y vivir una vida sana y equilibrada. Sin aceptación, es imposible desarrollar una vida plena.
Concepto y fundamento
Hay dos elementos básicos del concepto aceptación de sí mismo:
- Se está consciente de las capacidades personales que se tienen. Eso incluye entender las aptitudes, las potencialidades y las limitaciones.
- Se tiene claridad acerca de los valores propios que configuran el mundo interior de un individuo.
Una persona que entienda su valor como persona no se engaña buscando ser lo que no es, ni se autoboicotea (siguiendo la expresión de Bernardo Stamateas), disminuyéndose a sí mismo. En otras palabras, vive en lo que Aristóteles (384–322 a.C.) llamaba la virtud, el justo equilibrio entre el defecto y el exceso.
No somos estatuas
Los seres humanos, mientras tenemos vida, tenemos posibilidad de cambio. No tenemos que atarnos a condicionamientos absurdos.
Muchos cometen el error de considerar estereotipos sociales, educativos o familiares para no aceptarse positivamente.
La vida humana se modifica y es potencialmente perfectible. Si un camino no sirve, se puede elegir otro, y así sucesivamente, sin drama ni condicionamientos que de nada ayudan.
La personalidad está abierta al cambio. Siempre es posible aprender, modificar, cambiar, retomar, reestructurar, elegir otro camino, etc.
Una persona que se acepta a sí misma, está en mejores condiciones para no dejarse entrampar en el determinismo ni en estereotipos. Es capaz de seguir adelante, entendiendo que siempre es posible modificar aspectos que sean mejorables en su persona
El camino del conformismo a la amargura
Muchos confunden aceptación de sí mismo y creen que es lo mismo que conformarse. El primer concepto tiene un tinte positivo y el segundo va por la vía negativa de la resignación.
Una persona que se acepta es capaz de entender positivamente sus aptitudes, logros, posibilidades, limitaciones y potencialidades.
Quien se resigna y se conforma, tiene una mirada negativa de su persona. Termina yendo por el camino de la envidia, de la comparación odiosa o de la insatisfacción.
Aceptarse es un camino positivo. Soy lo que soy, pero estoy contento y sigo creciendo para ser mejor.
Resignarse, en cambio, tiene un matiz negativo. Soy lo que soy, y qué le vamos a hacer, no tengo otra cosa, podría haber sido distinto, como otra persona.
El narcisismo, la cara negativa de la autoaceptación
El mito griego cuenta que Narciso un día se vio a sí mismo reflejado en una fuente y se enamoró de su propia imagen.
De allí, Narciso fue una y otra vez a contemplarse para extasiarse con su belleza, pero un día cayó al agua y se ahogó.
El mito enseña que tarde o temprano la autoadoración termina por destruir a la persona.
La aceptación de sí mismo no es engañosa. La persona sabe quién es. Entiende sus aptitudes, y también sus limitaciones. No cae en el autoengaño del narcisismo, que finalmente degenera en una forma poco sana de enfrentar la realidad personal.
El narcisismo está emparentado con el egoísmo, que es dar vueltas en torno a uno mismo sin dar nunca con la verdad de sí.
El camino de la identidad
Quienes tienen problemas de aceptación de sí mismos, suponen que las personas que se aceptan son orgullosas o pagadas de sí mismas.
Pero hay una gran diferencia entre el orgullo que tiende hacia el autoengaño, como el narcisismo, a la aceptación positiva de sí mismo que está relacionada con la identidad personal.
Una persona que se acepta configura una identidad sana. Sabe quién es. No inventa personajes para actuar frente a sí mismo y ante otros. Se sabe de una forma y actúa en concordancia.
Aceptación de sí mismo y felicidad
Una persona que se resigna se amarga. Un narcisista vive ansioso. El que se acepta, va camino de la plenitud personal al no tener que probar nada a nadie. Las personas que se aceptan a sí mismas no necesitan venderse por un plato de lentejas.
La felicidad se relaciona con el proyecto de vida y la concreción del mismo. Una persona que se acepta a sí misma puede trazar metas y lograrlas, porque no se autoengaña.
Arquitectos de sí mismos
Una persona que se acepta es capaz de vivir consigo misma, incluyendo sus imperfecciones y errores. No se esconde detrás de estereotipos ni culpa a otros por lo que es.
Quien sabe quién es y acepta su vida en términos positivos, entonces es capaz de construir su propia experiencia de vida. Es arquitecto de su propio porvenir.
Los que no se aceptan a sí mismos comienzan el engañoso camino de culpar a otros por sus errores o no hacerse cargo de su vida.
Conclusión
Nadie puede desarrollarse de manera sana si no se acepta a sí mismo. Es deber de los padres y de la educación, en primer lugar, ayudar a las personas a que se acepten como son. Que entiendan sus aptitudes y posibilidades, sin autoengaño. La autoaceptación se aprende.
Los triunfos y los éxitos son fruto de la aceptación de sí mismo, no del derrotismo de la resignación. El conformismo y el creer que la vida es determinista no ayuda al crecimiento personal.
