En la actualidad, la flaqueza en las mujeres es un perpetuo calvario para alcanzar la perfección y el ideal de una estética que dicta el marketing y los medios de comunicación. Día con día nos bombardean imágenes con la “mujer perfecta” en comerciales, pasarelas y demás publicidades basadas principalmente en la imagen femenina como objeto sexual, y eso es un móvil para que la mujer mexicana asuma el objetivo de ser delgada. Pero ¿desde cuándo la mujer delgada fue la imagen prioritaria de la belleza?

En los años 20 con el inicio de las empresas cinematográficas en Estados Unidos, la mujer se mostró con una palidez propia de una figura esbelta al estilo europeo, estilo que parece constante en las décadas siguientes. No obstante, en los cincuenta y sesenta, las mujeres del cine mexicano mostraban orgullosamente sus curvas: actrices de cintura de avispa, sí, pero caderas anchas, piernas grandes.

Los 70 en Europa

En los setenta, en Europa, la mujer buscó que su imagen fuera vista como algo más que un objeto sexual; bajo esa premisa ocurrió la liberación del subyugo machista y la aparición del feminismo. Ese idealismo llegó primero a Estados Unidos y en México nuevamente se vivió un reflejo de modos de vida y contextos diferentes con la copia de patrones físicos de lo que se mostraba en los medios, lo cual incluye la figura resultado del consumo de alimentos orgánicos, drogas y demás elementos “hipies” de la época.

Pero fue el mundo de las pasarelas, durante los noventa, cuando la idea de la delgadez apareció para irrumpir en todos los estándares de estética, y México no fue la excepción. Según algunos datos indican que fue Kate Moss quien inició este prototipo, una modelo europea con características nórdicas, totalmente ajenas al cuerpo de las mujeres latinoamericanas.

Influencia de los mediosLos medios nuevamente vendieron la idea de las modelos de pasarela y México adoptó ese malinchismo de objetivar imágenes de una cultura diferente. Tanto así que en los últimos diez años los casos de anorexia y bulimia en han aumentado gravemente, cosa extraña para el país que ocupa el segundo lugar en número de personas obesas en el mundo.

Si bien es cierto que la mujer mexicana actual es el resultado de una mescolanza de razas, es importante considerar que nuestra complexión obedece no sólo a nuestros hábitos, sino a factores sociológicos y hasta climáticos que no por eso merecen menos mérito. Las curvas de las mexicanas son características de su identidad.