Los acadios eran originarios del desierto sirio. Estaban constituidos por tribus semíticas nómadas que, descendiendo por el Éufrates, llegaron hasta las tierras de Summer, por entonces gobernada por la dinastía de Lugalzagesi.

El imperio acadio: Sargón de Akkad

Sargón, de origen semita y de incuestionables dotes militares, fundó una nación poderosa bajo una nueva dinastía que se prolongaría hasta su bisnieto Sharkalisharri. A Sargón hay que reconocerle el honor de haber sido el rey del primer imperio de la historia.

Sargón organizaría un ejército de cinco mil hombres armados y entrenados como no había existido hasta entonces. Los sumerios, mucho menos preparados, no tuvieron otra salida que pagar tributo a Akkad. La conquista, sin embargo, no implicó la destrucción de la civilización sumeria, tal y como solía ocurrir en muchos casos, sino que fue asimilada, respetando a sus dioses y costumbres, al igual que la lengua y su escritura que, de hecho, era el idioma universal utilizado para el comercio. En este sentido se puede decir que el arte acadio fue claramente heredado de sus predecesores sumerios. Un ejemplo de ello es la estela de Naram-Sim, erigida en Sippar por el nieto de Sargón para conmemorar una de sus victorias. En cualquier caso hay que decir que se conserva muy poco material artístico del periodo acadio.

Sargón siguió engrandeciendo el imperio conquistando la ciudad de Asur, en Asiria, una ciudad que no mucho antes había logrado librarse del dominio de la ciudad de Mari. Sargón no cejó en su política expansiva, por lo que no tardaría mucho en conquistar la propia Mari.

Sargón implantó un gobierno tiránico para controlar aquel vasto imperio. El resultado serían numerosas y constantes revueltas, sobre todo, en el sur del país. A pesar de las continuas guerras internas, Sargón mantuvo cohesionado el imperio hasta su muerte, un reinado que prolongó por más de 50 años.

La dinastía acadia

Sargón fallecería en el 2280 a.C. en pleno conflicto. La sucesión recaería en su hijo Rimush, quien tendría que lidiar con los alzamientos de Ur, Umma y Lagash.

Rimush murió asesinado en una conjura, siendo reemplazado por su hermano Manishutusu. Este proseguiría con la política expansiva de su padre, logrando ampliar los límites del imperio más allá de Elam. Desgraciadamente para él, Manishutusu correría la misma suerte que su hermano, muriendo asesinado. Naram-Sin, su hijo y sucesor, también se vio obligado a hacer frente a una coalición de soberanos rebeldes que, tras cruentas batallas, terminaría sometiendo.

Naram-Sin, del mismo modo que hicieran sus predecesores, se embarcó en numerosas campañas militares que culminaría exitosamente, conquistando ciudades como la siria Aleppo hasta alcanzar el Indo. Sin embargo, la grandeza del imperio se convirtió también en su punto débil. La presión y las continuas incursiones de los pueblos bárbaros obligaron a Naram-Sin a retroceder y asegurar esas fronteras, con una política férrea y despótica que le granjeó una gran impopularidad.

El imperio acadio empezó a debilitarse cada vez más con la llegada al trono de Sharkalisharri, hijo de Naram-Sin. Las guerras constantes para defender las fronteras de los pueblos limítrofes no daban un respiro a un imperio que poco a poco empezaba a desmoronarse. El reinado se acercaría definitivamente a su fin cuando el gobernador Kuruk-In-Shusinak, gobernador de Elam, organizó una sublevación, invadiendo Mesopotamia y proclamándose rey de Awan. Con un poder ya muy debilitado, Sharkalisharri tuvo que hacer frente a las incursiones de los amorritas, junto a otros pueblos nómadas. Al final, las continuas filtraciones y, sobre todo, la irrupción gutea del 2230 a.C. sería la puntilla que pondría fin al imperio acadio fundado por su bisabuelo Sargón.

La economía y los acadios

La economía de los acadios estaba muy relacionada con su actividad conquistadora y los grandes botines de guerra obtenidos. De hecho su afán expansionista se dirigía muy particularmente a controlar las rutas por las que llegaban a Mesopotamia todas las materias primas, ya que uno de los grandes hándicaps del territorio mesopotámico era carecer de ellas. Con ello, el imperio acadio eliminaba los costos relacionados con los intermediarios, así como reducir el tiempo y el coste en el transporte de las mercancías.

La religión y los acadios

Sumeria tiene el privilegio de ser la primera gran civilización de cuyas fuentes bebieron posteriormente muchas culturas. La religión es uno de los más claros exponentes. Los mitos sumerios están recogidos en muchos libros sagrados de distintos pueblos, incluida la Biblia. En el caso de los acadios es aún más patente, debido al contacto directo de ambas culturas y la asimilación que hicieron estos de la cultura sumeria. Para los historiadores resulta particularmente difícil establecer que aspectos religiosos eran de ámbito estrictamente acadio o cuáles se correspondían con la herencia sumeria. Por lo que parece, los acadios adoptaron y adaptaron las divinidades sumerias a sus propias necesidades.

La evolución de la escritura

Los acadios adquirieron de la cultura sumeria un tipo de escritura carente de letras ni grafías de sonidos puros, únicamente grupos fonológicos formados por sílabas. Serían los acadios quienes evolucionarían la escritura cuneiforme hasta convertirla en un tipo de estructura lineal. Las abstracciones, precursoras de la escritura moderna, podían describir con mayor precisión los tiempos, el sujeto, etc. La asociación de los signos fonéticos con los sonidos del lenguaje articulado supuso una verdadera revolución cultural. A partir de este momento se podían componer miles de palabras, confiriendo a la escritura una complejidad y unas posibilidades que, más adelante, se refinaría con los asirios, que no tardarían en componer relatos épicos, libros de sabiduría, de leyes, etc.

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