
- Abuso sexual - Instituto de tecnologias educativas
Hay cuestiones especialmente difíciles de abordar. El abuso sexual a los menores es una de ellas. A veces, por inconcebible, muchos prefieren inhibirse, tal como ocurre, por ejemplo, cuando la televisión nos muestra alguna imagen que atenta a nuestra sensibilidad.
No hay duda de que no es un asunto agradable, pero un problema que, según las estadísticas, afecta al 20% de la población requiere una implicación social visible y organizada; algo que aún está lejos de lograrse.
Los abusos sexuales no distinguen entre culturas o razas, ni entre ricos o pobres. Ni siquiera entre niños o niñas. El único estudio realizado en España sobre abuso sexual infantil, llevado a cabo en 1996 por el catedrático Félix López, arroja unas cifras del 15,2% para los niños y un 22,7% para las niñas; cifras equiparables a otros estudios efectuados en diferentes países.
Psicología: la realidad del abuso sexual infantil
Cualquier profano en la materia podría pensar que el abuso sexual infantil está relacionado con la penetración, la masturbación u otras actividades sexuales, por decirlo de algún modo, explícitas o incluso con violencia. Sin embargo el espectro es bastante más amplio. Para entenderlo en su justa dimensión hay que decir que el abuso sexual se produce en cualquier actuación o comportamiento que manifieste el agresor hacia la víctima (por lo general adulto y menor) y que tenga por objeto lograr una gratificación sexual. Puede tratarse de tocamientos, visionado de películas pornográficas, exhibicionismo, hacer o mostrar fotografías o cualquier otra actividad que persiga el fin ya descrito.
Es interesante señalar que este acto, además de sus connotaciones sexuales, debe considerarse como un abuso de poder. Este factor tiene una especial relevancia a la hora de entender algunos aspectos que no son tan evidentes como pudiera parecer. Uno de ellos es la edad. Si bien es cierto que la diferencia de edad es un elemento habitual en la mayoría de abusos, no siempre es así. El abuso de poder puede darse aún con diferencias muy escasas o incluso nulas.
Síntomas del abuso sexual
Existen diversos listados y estudios con relación a la sintomatología del abuso sexual. En ellos se destaca, como más conocidos y frecuentes, la baja autoestima, la culpa, el miedo, la depresión, la ansiedad, las fobias o la vergüenza, entre otros. Pero para no redundar en lo mismo, sería interesante reparar en aquellas secuelas menos conocidas, pero igualmente asociadas a este hecho traumático. Tanto por su gravedad como, a veces, por la desinformación que los envuelve, requieren una especial atención.
Uno de los síntomas más incomprendido y que genera mayor rechazo es la autolesión. Las autolesiones son una válvula de escape para liberar el dolor o, simplemente, para sentirse vivo.
En ocasiones se afirma, erróneamente, que el superviviente de abuso sexual rechaza el sexo. Sin negar que pueda ser una secuela (de hecho lo es), también cabe decir que un altísimo porcentaje de los adictos al sexo sufrieron abusos en su infancia. De igual modo que una buena parte de prostitutas también fueron abusadas sexualmente en su niñez.
Las adicciones, como pueden ser el alcohol, el juego patológico o las drogas guardan también una estrecha relación con el abuso sexual. Bulimia y anorexia tampoco resultan extrañas entre quienes sufrieron abusos.
Y para concluir, una última y significativa secuela que, por drástica, no puede obviarse: el suicidio. Si hay alguna situación traumática que deja al individuo imbuido de la más absoluta indefensión e incapacidad para hallar una salida, ésta es el abuso sexual padecido en la infancia.
Grupos de autoayuda y asociaciones
Por terribles que sean las experiencias vividas, no se puede infravalorar la capacidad del ser humano para superar las adversidades.
El mensaje debe ser claro y realista: el abuso sexual infantil se puede superar. Pero para ello es necesario contar con los recursos necesarios. En este sentido, y aunque se ha ido ganando terreno, no se puede ser en exceso optimista. Faltan recursos, concienciación y, sobre todo, apostar claramente por una inversión de medios que permita, si no erradicar el problema, sí al menos llevar a cabo una lucha con posibilidades reales de obtener resultados esperanzadores.
Uno de los métodos que ha demostrado ser más efectivo para los supervivientes son los grupos de autoayuda. En ellos encuentra, quizá por vez primera, a otras personas que han pasado por lo mismo y con sentimientos y conductas similares. El valor terapéutico al compartir la experiencia es extraordinario.
Las asociaciones especializadas, que también suelen incluir grupos de autoayuda, cuentan con profesionales conocedores de la problemática, constituyéndose como las mejores alternativas a la hora de buscar ayuda.
