La escritora y periodista Silvia Adela kohan en su libro "¿Qué es lo mejor de ser abuelos? ", marca una serie de observaciones, pautas y vivencias que, a todos los que tenemos la inmensa suerte de tener nietos, nos enorgullece haciéndonos sentir más felices, especialmente en una edad en la que los achaques y el peso de la vida reclama insistentemente cierta comprensión y bastante tolerancia.

Hijos de nuestros hijos... los nietos

El magnífico actor español, ya fallecido, José Bódalo firmó un autógrafo a un prestigioso ginecólogo madrileño con la dedicatoria "Si ayudaste a nacer a mis hijos, ¡cómo no te voy a querer!". Emocionante manera de reconocer lo que supone ser padre.

Más tarde, por el continuo girar de nuestra existencia, esos chiquillos ya adultos y convertidos en padres tendrán sus propios hijos, es decir, nuestros nietos. En ellos encontraremos parecidos con sus progenitores, ademanes que nos recordarán situaciones similares, ocurrencias calcadas a las que ya estábamos acostumbrados pero que ahora, con el paso de los años, cobran nuevo vigor e incluso más espontaneidad. Dicen que es ilusión, bendita y siempre creciente ilusión que dimana y se alimenta del cariño inmenso prodigado a nuestros hijos.

Abuelos y nietos crean un vínculo perdurable

Desde que nacen, los nietos saben acaparar la atención de sus abuelos con sus gestos, su preciosa e inigualable sonrisa, sus ademanes que casi parecen estudiados y, sobre todo, con ese misterioso y angelical atractivo que sólo ellos poseen.

Inolvidable situación del nietecito que echa a llorar desconsoladamente porque los abuelos, tras una visita, ya tienen que marcharse. ¡Qué abuelo, emocionado, no ha visto cómo sus ojos se llenaban de lágrimas en ese momento!.

Pasados pocos años, cuando el chiquillo comienza con su verborrea arrolladora y su desmedido y natural afán de aprender, los abuelos tienen que actuar de "intérpretes" y casi adivinos para poder materializar los infantiles deseos que, casi siempre, terminan en repetidos cuentos, interminables juegos y en jocosas y divertidas piruetas para ellos pero no menos peligrosas para los añosos y frágiles huesos de los abuelos.

Los nietos crecen y sus abuelos, ahí, siguen

"¿Qué tal tu espalda, abuelo?. ¡No os metáis con el abuelo!. ¡Eres genial, abuelo!. ¡Te quiero mucho, abuela!". Son algunas de tantas frases sencillas pero llenas de cariño que, a diario, dedican los nietos a sus abuelos. Da lo mismo la edad de unos y otros, pues la diferencia natural entre ellos va cobrando matices nuevos que, sumados a los ya existentes, aumenta sin cesar ese espacio inolvidable de los recuerdos.

Cualquier detalle por pequeño que parezca o una simple situación surgida espontáneamente activará de continuo la misteriosa unión entre amabas generaciones. Los cuentos infantiles, poco a poco, van dando paso a las aventuras juveniles donde los chicos, generalmente en pandillas, toman otros derroteros. Las diversiones cambian de rumbo y el ordenador y sus atractivas redes sociales acaparan parte de su tiempo de ocio. No importa, ahí están los abuelos que, adaptándose mejor o peor a tales "inventos", no pueden ni deben quedarse atrás y venciendo el miedo o respeto a los nuevos aparatos tratarán de prepararse ante la posible petición de ayuda para nunca llegar a defraudarlos.

Los abuelos, confidentes e intercesores

Es lógico que esos chiquillos, que han ido creciendo al abrigo y bajo la ternura de sus abuelos, encuentren en éstos más que suficiente comprensión para confiarles muchos secretos o buscar su apoyo en diversas situaciones que, de poca o nula importancia para el criterio de la ancianidad, resultan de relevante valor bajo el punto de vista de su incipiente adolescencia. La respuesta a tal confianza no se hará nunca esperar y un guiño real, simbólico o ambas cosas a la vez, unido siempre a la tranquilizadora sonrisa del abuelo, señalará el disco verde para el joven nieto que, sensiblemente emocionado y acompañando a su cálido beso, agradecerá el gesto con un ¡Muchas gracias, abuelos!.

Ese momento quedará grabado... para siempre.

Día de los abuelos, 26 de Julio

Aún no está muy extendida esta fecha, pero sería de justicia reconocer durante una jornada, al menos, la extraordinaria labor de los abuelos. Su afán exagerado, muchas veces por encima de sus posibilidades físicas y hasta económicas, de ayudar, de acercarse cada vez más a sus queridos nietos estando siempre dispuestos de forma desinteresada a contribuir, con seguridad y firmeza, a que su crecimiento se desarrolle dentro de la mayor armonía y en el seno de un cariño sin límites.