La concepción de un hijo es un hecho trascendental para los seres humanos, ya que se recibe no sólo una vida, sino que también se adquieren nuevas obligaciones. Es por esto que para las personas que no desean tener niños, alcanzan tanta importancia los métodos de control de la natalidad (para prevenirlos) y los abortos (para interrumpir el embarazo).

Métodos anticonceptivos

Básicamente, existen dos tipos principales de métodos de control de la natalidad: los hormonales, y los de barrera. Los primeros actúan de diversas formas, ya sea previniendo que la mujer ovule, bloqueando el semen para que no entre al cuello uterino o impidiendo que el embrión se adhiera al endometrio. Los métodos de barrera funcionan impidiendo que el semen llegue al óvulo. Ambos son totalmente legales.

El ejemplo más común de los métodos hormonales son las pastillas anticonceptivas. Existen dos tipos de píldoras: las píldoras combinadas (que contienen progestina y estrógenos) y las que sólo contienen progestina. Cada tipo de comprimido funciona de distintas maneras, dependiendo de su contenido hormonal, pero siempre impidiendo el embarazo. Una cosa importante a considerar es que tanto las píldoras anticonceptivas, como los demás métodos hormonales (inyecciones, parches), no protegen contra las enfermedades de transmisión sexual.

En cuanto a los métodos de barrera, existen diversos como el diafragma, el condón femenino o los espermicidas, pero el más común es el preservativo masculino. El condón masculino es un tubo delgado, usualmente de látex, que se usa para cubrir el pene. Con esto se disminuye la posibilidad de embarazo en un 99%, además de reducir la posibilidad de contagio de una ETS (enfermedades de transmisión sexual). Con respecto a este tema, es importante aclarar que, aunque se use un condón, la persona igual puede infectarse con una ETS. Esto ocurre especialmente en el caso de haber infecciones bacterianas y virales que viven sobre la piel. Por ejemplo, el herpes y el virus del papiloma humano.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que ningún método de control de natalidad es 100% efectivo; y cuando un embarazo se produce indeseadamente muchas mujeres optan por un aborto.

Abortos

El aborto es la interrupción del embarazo antes de los 180 días de gestación, pudiendo ser espontáneo, natural o provocado.

Esencialmente, existen dos tipos de abortos: los espontáneos y los inducidos. Los primeros se definen como la pérdida natural de la gestación antes de las 26 semanas, cuando el feto no está aún en condiciones de sobrevivir con garantías fuera del útero materno. Y los inducidos, según la definición de la O.M.S., son el resultante de maniobras practicadas deliberadamente con ánimo de interrumpir el embarazo. Las maniobras pueden ser realizadas por la propia embarazada o por otra persona por encargo de ésta.

A su vez, existen dos métodos de aborto inducido: el quirúrgico y el farmacológico. El primero consiste en la interrupción de la gestación en el quirófano mediante una técnica quirúrgica, la más utilizada es la del legrado por aspiración, en la cual, tras desinfectar la zona genital y dilatar el cuello del útero, se vacía el contenido uterino mediante aspiración realizando a continuación un legrado o raspado de la cavidad. El aborto farmacológico consiste en la ingesta de diversos medicamentos para lograr la interrupción del embarazo. La droga más utilizada es la RU-486.

Contraste

Los métodos anticonceptivos son legales y de fácil acceso, los abortos son ilegales en muchos países y por lo tanto inseguros.

El aborto puede ser inducido de muchas maneras, y la elección depende del tiempo de desarrollo del embrión o feto, de la salud de la madre, del contexto socioeconómico en el que se tome la decisión y se realice el acto, especialmente el acceso a los servicios médicos, y de los límites puestos por la legislación, entre muchos otros factores.

Por otro lado, lo que se debe tener en cuenta al momento de elegir un método anticonceptivo es: la eficacia, la probabilidad de poder usarlo según las indicaciones, la edad y el estado general de salud, la frecuencia con la que se tienen relaciones sexuales, y el tipo de protección que confiere contra las ETS.

Como resultado del uso regular de anticonceptivos hormonales, los peores efectos secundarios incluyen náuseas, aumento de peso (con píldoras de dosis altas), sangrado entre menstruaciones y dolores de cabeza. Como resultado de un aborto por succión, legrado o aspiración, se puede observar infección, trauma de cérvix, peritonitis, endometritis, laceración, trombosis, esterilidad, etc.

Según la O.M.S., se estima que en el mundo se realizan entre 42 y 46 millones de abortos anuales (entre el 20 y el 22% de los 210 millones de embarazos que se producen en el mundo al año), lo que representa, para quienes consideran al embrión como vida humana, la principal causa de mortandad en la especie. En Argentina, el aborto ocupa el primer lugar como causa de muerte materna; la tasa de mortalidad materna (TMM) es de 82 por 100.000 nacidos vivos. Por otro lado, no hay fallecimientos por el uso de anticonceptivos.

Sólo resta plantear la incógnita, ¿Qué es mejor: prevenir o remediar?