La baya del açaí es parecida a un arándano, aunque de mayor tamaño: entre los 10 y los 14 mm. de diámetro. Es de un color morado oscuro, casi negro y crece en la palmera formando racimos. Su sabor es ligeramente amargo, recordando un poco a la frambuesa y al cacao. El açaí procede de un tipo de palmera llamada açaizeiro. Posee en tronco delgado y ligeramente curvo que puede alcanzar los 25 metros de altura. Debido a la ausencia de cambios estacionales la producción de açaí permanece constante durante todo el año, pudiéndose alcanzar una media de 20 kg. de fruta por año.

Usos y modos de empleo del açaí

El açaí viene siendo utilizado por los habitantes del Amazonas desde tiempos precolombinos. Como medicina tradicional se emplea para curar fiebres, aumentar la energía o ayudar a las mujeres tras el parto, entre otras muchas utilidades. Los lugareños suelen consumirlo tal cual o, más habitualmente, preparando un jugo concentrado al que denominan “vino de açaí”. Con él acompañan sus comidas, a veces puro y otras mezclado con otros jugos o bien con harinas de tapioca, mandioca o pescado.

Propiedades medicinales y beneficios del açaí

Los componentes del açaí proporcionan múltiples beneficios para la salud. Entre los más destacados están los flavonoides. Antocianinas y proantocianidinas se encuentran en las bayas de açaí. Estos flavonoides actúan como potentes antioxidantes que protegen a las células, actuando contra los radicales libres y reduciendo los riegos de padecer enfermedades del corazón, diabetes o cáncer. Así se desprende de un estudio realizado en 2008 por un equipo de científicos de Texas encabezado por Susanne Talcott y publicado en el “Journal of Agricultural and Food Chemistry”.

Las bayas de açaí son ricas en ácido oleico. Se trata de un ácido graso monoinsaturado omega-9. La ingesta de este tipo de ácido graso, tal y como demostró el estudio realizado en el Canadian Medical Assotiation Journal, va ligado a un menor riesgo de enfermedad cardiovascular. También se evidenció que reducen el colesterol total, las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y los niveles de colesterol en sangre. Asimismo ha demostrado ser un protector destacable para la aterosclerosis debido a la prevención que ejerce sobre la oxidación de las partículas LDL.

La fibra también es un aspecto muy destacable en las bayas de açaí. Igualmente ayuda a reducir los niveles de colesterol en la sangre y a disminuir el riesgo de padecer enfermedades coronarias. Otro de sus beneficios consiste en mejorar el funcionamiento de los intestinos, ayudando a procesar los alimentos de manera eficiente. Y no menos desdeñable es la sensación de saciedad que provoca, circunstancia importante cuando existe sobrepeso.

Por lo que respecta a los aminoácidos baste decir que en las bayas del açaí están presentes 19 de los 20 aminoácidos comunes. Los aminoácidos son esenciales para el crecimiento así como para sintetizar las proteínas y para que los nutrientes sean absorbidos y metabolizados correctamente. La proteína es la base del sistema inmunológico ya que forman parte de los anticuerpos encargados de defender al organismo de los ataques de virus, bacterias y otros agentes extraños.

Otros beneficios que deben situarse en el haber del açaí tienen que ver con la piel, manteniéndola joven y saludable. También favorece la vista, sobre todo en lo que respecta a la visión nocturna. Aumenta la resistencia del organismo ante enfermedades comunes como la gripe o el resfriado común, coadyuvando también a una agilidad y agudeza mental mayor.

Las antocianinas del açaí

Las antocianinas tienen la capacidad de neutralizar las enzimas que destruyen el tejido conectivo. Previenen ante una posible oxidación además de reparar las proteínas dañadas en las paredes de los vasos sanguíneos.

El açaí, al impedir la nitración de tirosina, es un excelente protector frente a las enfermedades neurológicas. Concretamente, en el açaí se ha encontrado la antocianina denominada cianidina-3-glucósido que posee la propiedad de ayudar a revertir los déficits neurológicos asociados a la edad.

También les corresponde a las antocianinas el efecto beneficioso frente al colesterol y la oxidación del LDL. Igualmente ocurre con la diabetes, particularmente ante la posibilidad de que se produzca una retinopatía grave. Al igual que los arándanos, pero en mayor medida, el açaí es responsable de mejorar la visión nocturna.

El açaí y los antioxidantes y radicales libres

Es interesante, en primer lugar, saber que significan las siglas ORAC. Se trata de la unidad con la que se mide la capacidad antioxidante de los alimentos y proviene del inglés (Oxygen Radical Absorbance Capacity). Mediante este sistema se puede averiguar la capacidad de un alimento para eliminar radicales libres. Estudios recientes indican que solo se ingieren unas 1.000 unidades ORAC diarias, notablemente por debajo del requerimiento de nuestro organismo. Esta situación hace que estemos más expuestos a sufrir enfermedades degenerativas.

Según los datos publicados en 2005 en la revista Agricultural and Food Chemistry, el açaí constituye una fuente sin competencia en cuanto a la cantidad de unidades ORAC. Hasta ahora, los arándanos se consideraban como uno de los frutos más interesante en este sentido. Sin embargo estas pruebas determinaron que una vez sometidos a examen, los arándanos dieron una cifra de 94 TE (equivalentes Trolox; un análogo hidrosoluble de la vitamina E), mientras que el açaí alcanzaba los 610 TE por gramo, una cifra muy superior a cualquier fruta o verdura.