El pasado 3 de mayo, día mundial de la Libertad de Prensa, los periodistas se han echado a las calles de numerosas ciudades españolas. ¿Sus reivindicaciones?: la denuncia a las malas condiciones y la exigencia de una labor sin servidumbres, al grito de "sin periodistas, no hay periodismo; sin periodismo no hay democracia".

Una cosa es obvia: periodismo y precariedad siempre han ido de la mano. No es algo esencialmente nuevo. Tratándose de uno de los oficios más vocacionales que existen, este gremio de “caballeros de la prensa” (en palabras de Billy Wilder) siempre ha estado sometido a jefe y reloj, presionado, mal pagado y visto con enorme suspicacia por todos los ámbitos de la sociedad.

Crisis de la profesión

¿Y hoy? Vivimos en un contexto de auténtica crisis de la profesión, marcado por la pérdida de 6.000 empleos y el cierre de numerosos medios en los últimos cuatro años. Es una escena de salarios indignos, de ERES, de bajas incentivadas y de sustitución de profesionales por becarios, amén de auténticas abominaciones, como las ruedas de prensa sin preguntas.

Todo esto está cada vez más agudizado por el clima de crisis económica y de recortes en general. La pregunta es obligada. ¿Afecta este feo panorama a alguien más que a los propios profesionales? ¿Y a la ciudadanía, se le informa igual?

Menos medios, peor información

Resulta muy lógico aventurar que no, que la calidad de la información no es la misma si se invierte menos en ella. Por ejemplo, la sustitución de los profesionales por estudiantes con salario de prácticas en los medios de comunicación es hábito común en los medios informativos. Así, se ubica a becarios en secciones que no son su especialidad, como por ejemplo, la economía o el deporte. ¿A quién perjudica esto? Al lector, que es quien se va a dar de bruces con los errores inevitables del redactor no profesional en ese área.

María PTQK, productora e investigadora cultural, habla del hábito de los medios de incorporar blogs y redes sociales. Lo encuentra positivo, pero cree que hay riesgo de precariedad cuando todas las colaboraciones son no remuneradas. "Habiendo personas que suben información de manera voluntaria, ¿para qué tener un profesional?", dice.

Contenidos sin profundidad

Por otro lado, el hecho de que los poderes financieros dominen cada vez más a los medios puede llevar a una información vacía de contenido, donde solamente un par de agencias de información dictan las noticias para el mundo entero. La periodista Olga Rodríguez, que considera esto último “un poco orwelliano”, opina que "todo consiste en beneficio a corto plazo, con el menor gasto posible".

Por ejemplo, según Rodríguez, en la información internacional se cierran corresponsalías y enviados especiales, y las estancias máximas se reducen a los 10 días. Con esa limitación, no se da tiempo a información propia, de modo que acaba siendo casi necesario repetir “discursos y estereotipos”.

"Deben elegir información que defienda derechos humanos, que dé voz a víctimas, no información sin contexto ni profundidad", dice la periodista. Difícil cuando, además, el periodismo de investigación y de fondo, que lógicamente requiere más tiempo, sale bastante mal parado y acaba desapareciendo.

Informadores a merced del sistema

Queda de manifiesto que, en un clima de periodistas sumisos, tendentes a la autocensura y del todo sometidos al medio para el que trabajan, la precariedad laboral no hace más que empeorar esta situación.

Manuel Mediavilla, del sindicato de periodistas de Madrid y FESP, opina que el derecho a la información pertenece “a la ciudadanía y no a las empresas” y habla de este otro peligro de la falta de medios: "Nuestra precariedad es tu desinformación: estamos a merced de que nos encarguen hacer periodismo basura;" es decir, a “dejar de lado la ética”.

¿Qué forma tiene entonces la gente de enterarse de lo que ocurre? En ocasiones, el periodismo ciudadano es una buena alternativa, como ocurrió en la llamada “primavera árabe”, documentada en su mayoría por testigos frente a la represión y censura de los gobiernos. Pero Olga Rodríguez cree, aun así, que convertir el periodismo en algo tan precario que la gente no pueda vivir de ello es prescindir de un periodismo de calidad. "Desde el activismo se puede hacer, pero necesitamos comer," añade.

La conclusión es clara. La gente necesita no sólo el periodismo, sino el buen periodismo para estar informada. Y este periodismo tiene que ser libre, crítico, sin miedo y con medios.