El 18 de marzo de este año se conmemoran 76 años de una de las decisiones políticas más representativas de la historia moderna de México. En un mensaje radiofónico a toda la Nación, el entonces presidente Lázaro Cárdenas declaraba la expropiación de la industria petrolera, que en esos años pertenecía a compañías estadounidenses y holandesas quienes eran las encargadas de la extracción, refinamiento y comercialización del petróleo en el país.

La expropiación petrolera, el oro negro para los mexicanos

La expropiación petrolera no fue un acto fortuito o de ociosidad presidencial; fue el punto de quiebre originado por la negativa de las empresas extranjeras a pagar impuestos y a proporcionar a los trabajadores petroleros mexicanos mejores condiciones laborales y salariales.

La rebeldía de los dueños de la industria petrolera obligó al general Cárdenas a aplicarles el artículo 27 constitucional, el cual señala que corresponde a la Nación mexicana el dominio de todos los recursos naturales de su plataforma continental, de los zócalos submarinos de las islas, los minerales y diversas sustancias que se encuentren en vetas o yacimientos del territorio nacional.

El esfuerzo de los mexicanos por recuperar su petróleo

El Gobierno ofreció una indemnización a las compañías petroleras extranjeras a pesar de carecer con los recursos económicos para cumplir con ese compromiso. Fue entonces cuando el general Lázaro Cárdenas hizo un llamado a los mexicanos a contribuir de manera voluntaria con el fin de pagar la expropiación.

En un acto de generosidad genuina, aparecieron imágenes de personas de la clase alta donando dinero o sus joyas y hasta de campesinos pobres entregando sus gallinas o un cerdo. Todo esto gracias a la convicción nacionalista inculcada por el presidente Cárdenas de que el petróleo era pertenencia de los mexicanos y que por ello eran los únicos que debían beneficiarse con los recursos generados por su explotación.

No obstante, con el paso de los años, el petróleo en México no sólo se convirtió en el motor del desarrollo nacional, sino también en la caja chica en la que el Gobierno en turno enriquecía a la clase política y a unos cuantos empresarios. Esto a pesar de que, de acuerdo a la Constitución mexicana, el petróleo pertenece a la Nación (es decir a todos los mexicanos) y no al Gobierno exclusivamente, y por lo mismo debería estar administrado por ciudadanos y no por instancias gubernamentales.

José López Portillo y la administración de la abundancia petrolera

Por desgracia, en todos estos años los mexicanos no han podido disfrutar los beneficios directos de que el petróleo sea suyo. La mala administración por parte de Petróleos Mexicanos (Pemex) industria paraestatal generada después de la expropiación petrolera, aunada a los caprichos y ambiciones de poder de los presidentes mexicanos y la grave corrupción de su sindicato, la han convertido en una industria sumida en las deudas y despilfarros, que sólo han resultado contraproducentes y un reflejo de lo que se trataba de evitar con la expropiación.

Los mexicanos no olvidan cómo en el gobierno del presidente José López Portillo se descubrieron nuevos yacimientos en diferentes zonas marítimas pertenecientes al país, la cuales produjeron una producción petrolera sin precedentes que hacía pensar que los problemas económicos del país estarían en el olvido gracias a que desde esa fecha los mexicanos, en voz del propio presidente, deberían aprender a “administrar la abundancia”.

Este boom petrolero provocó que José López Portillo prácticamente empeñara al país, sumiéndolo en una deuda que según él iba a pagar con oro negro, lo que al final resultó una catástrofe económica cuando se declaró una baja considerable en los precios del petróleo a nivel internacional debido a la sobre producción, principalmente por los países árabes en los años 80.

Los malos manejos de Pemex no cambiaron con la transición democrática en México

Los escándalos sobre malos manejos de Pemex han sido cosa de todos los días sexenio tras sexenio y aunque en México hubo un cambio de Gobierno desde el año 2000, las cosas no han cambiado en nada. Cabe recordar cómo en enero de este año se ventiló el escándalo de que, desde el 2007, la Procuraduría General de la República (PGR) tenía conocimiento de que funcionarios de Pemex refinanciaron y manipularon contratos para beneficiar a empresas arrendadoras que provocaron pérdidas a la paraestatal por más de 6 mil 600 millones de pesos, y que a pesar de estos actos de corrupción decidieron no ejercer acción penal contra funcionario alguno.

Lo más desafortunado del asunto es que los malos manejos y la corrupción en Pemex la han pagado los mexicanos directamente de sus bolsillos, con los aumentos sistemáticos a las gasolinas, el gas y el diésel, lo que por efecto dominó ha provocado aumentos de precios en productos básicos, servicios, y los transportes, degradando cada vez más la calidad de vida de los mexicanos, dueños en el papel, de la riqueza petrolera nacional.

Cuál es el panorama de la industria petrolera mexicana 76 años de su expropiación

El escenario en ese sentido es algo sombrío. Los mexicanos deben enfrentar la realidad de que el petróleo se está terminando cada vez más rápido. Los yacimientos que en otras décadas eran los “cuernos de la abundancia” se están secando debido a la sobrexplotación.

Según cálculos del Gobierno Federal, esto ha afectado en las finanzas públicas, por lo que es necesario el buscar nuevas opciones de financiamiento para la petrolizada economía nacional, así como la producción de nuevas fuentes de energía pensando ya en un futuro inmediato.

Ahora, México atraviesa una nueva etapa en lo referente a la industria petrolera; con la reforma energética impuesta por el gobierno de Enrique Peña Nieto, Pemex queda abierto a la inversión extranjera en áreas como la refinación, petroquímica básica y extracción de gas natural, a través de contratosde utlidad compartida, entre Pemex y particulares.

Para todos los defensores del cardenismo elemental, la reforma energética representa tan solo la privatización de Pemex, producto de la política neoliberal que se ha impuesto en México desde hace más de 20 años y la pérdida de la renta petrolera que tanto ha beneficiado para el crecimiento del país. 

Por otra parte, los defensores de la reforma energética sostienen que representará mayores oportunidades de crecimiento y capitalización de la industria petrolera, haciendo de Pemex una empresa competitiva a nivel internacional. Esta tesis, basada en experiencias de compañías petroleras de otros países, como la brasileña Petrobras.

Esa es la realidad mexicana a 76 años de la expropiación petrolera, por lo que convendría preguntarse ¿Realmente el petróleo fue de todos los mexicanos después de ese 18 de marzo de 1938?