¿Es posible hacer una historia trascendente en el universo DC sin Superman, Batman y Wonder Woman? La editorial quiso responder a esa pregunta con 52, una innovadora serie semanal que ahora aparece reeditada en España en una colección de cuatro libros, y no se anduvo con rodeos: para buscar el éxito en la empresa recurrió a lo más granado de su nómina de guionistas. Si Geoff Johns, Grant Morrison, Greg Rucka y Mark Waid no eran capaces de captar la atención del mundo del cómic, nadie lo haría. Y lo consiguieron, con un relato plagado de intriga que daba el protagonismo a eternos secundarios sin que la historia se resintiera.

¿Qué fue ‘52’?

ECC Ediciones publica el primero de los cuatro volúmenes en que recopilará 52 al precio de 25 euros. El libro contiene los 13 primeros números de la colección de DC Comics, publicados semanalmente entre el 10 de mayo y el 2 de agosto de 2006. Esta edición incluye textos inéditos de sus autores explicando cada uno de los números y otros extras como bocetos, páginas de guión y las portadas originales. 52 se convirtió en su momento en la serie semanal de más larga duración publicada por una de las grandes editoriales y pretendía cubrir el tiempo que transcurre entre dos grandes eventos de DC, Crisis infinita y Un año después.

Se trata de un inmenso mosaico sobre el Universo DC en ausencia de sus tres grandes personajes: Superman, Batman y Wonder Woman. Y para narrarlo la editorial contó con cuatro de sus grandes autores: Geoff Johns, Grant Morrison, Greg Rucka y Mark Waid. En lugar de repartirse los números, cada nuno de ellos, de 24 páginas, tenía un fragmento de extensión variable escrito por cada guionista. Keith Giffen se encargó de los bocetos de toda la serie, para que después diferentes dibujantes aportaran los acabados. En estos trece primeros números participan Eddy Barrows, Chris Batista, Joe Bennett, Ken Lashey, Shawn Moll y Todd Nauck.

El formato semanal y la nueva Batwoman

Hace seis años de la publicación de 52 y entonces se vendió (o se compró fuera de DC), fundamentalmente, por lo novedoso de la apuesta editorial. Importaba más que fuera una serie semanal, algo bastante extraño en las grandes firmas norteamericanas, y que estuviera contada por cuatro guionistas con secciones de cada número en principio independientes entre sí que el contenido. Pero en realidad no era así. DC colocó a auténticos pesos pesados al frente de la colección para que 52 fuera algo más que un experimento editorial. Puede que no figure entre las obras que muchos aficionados destacarían de Johns, Morrison, Rucka y Waid, pero el resultado fue más que interesante.

Y otro movimiento que llamó la atención de los medios antes de que se produjera más que por sus méritos narrativos también acabó siendo excelente. En la última viñeta del noveno número apareció la nueva Batwoman. Los medios se centraron en que era una heroína lesbiana, pero ya desde su irrupción se convirtió en un personaje a seguir por mucho más que su orientación sexual. Que su reinvención fue un acierto su quedó de manifiesto cuando el propio Rucka y J. H. Williams III la convirtieron en protagonista de unos números excepcionales, primero en Detective Comics y después, ya con el reinicio del Universo DC, en su propia serie.

El arranque de ‘52’

Al margen del márketing, muchos son los alicientes de estos trece primeros números. Por supuesto, es imposible definir un único protagonista de esta larga epopeya. Booster Gold, Acero, Black Adam, Question, Renee Montoya, Raph Dibny, Will Magnus, Wonder Girl, Lex Luthor, Animal Man, Starfire, Adam Strange, hasta tres Green Lanterns diferentes… Todos ellos desfilan por este primer cuarto de 52 y todos juegan un papel transcendental en el desarrollo de los distintos misterios que se van planteando con suma inteligencia a lo largo de sus páginas.

Porque lo que Johns, Morrison, Rucka y Waid hacen es plantear misterios, generar una corriente que mantenga al lector atado muy en corto, pendiente de lo que se esconde en cada viñeta, en cada diálogo, en cada acontecimiento, porque todo puede reaparecer treinta números y treinta semanas más tarde y hay que estar alerta. Eso es lo que hace de 52 un relato vivo, complejo y en constante desarrollo. No hay un único villano que derrotar. Es, más bien, un retrato del universo DC. Y es una fotografía sin nada de inocencia, con mucho pesimismo y ciertas dosis incluso de crudeza.

Un buen cómic de superhéroes contemporáneo

Si el cómic de superhéroes contemporáneo tiene unas características más o menos definidas, 52 encajaría en la mayoría de ellas. Está la esencia de Johns, Morrison, Rucka y Waid, y también la de los personajes que desfilan por sus páginas. De esa manera, y dadas las inusuales características editoriales de la serie, 52 es una original mirada al universo DC más allá de sus nombres más longevos y conocidos. Hay vida más allá de la clásica trinidad de DC, y esta serie, con sus defectos (no parece sencillo coordinar semejante encuentro de personajes), es una lectura que engancha. Ahí está su mérito.